“Si al visitante se le pide que reflexione sobre la naturaleza de lo que acepta comocualidad estética (para tener en cuenta los aspectos en que determinados objetos vana ser privilegiados en detrimento de otros), se hace imposible distinguir un principiosegún el cual puedan ser seleccionadas las obras de arte para su exposición. Los museos podrían, por ejemplo, exponer no sólo la forma en que el concepto de obra de arte es objeto de continua reconsideración y redefinición en la tradición occidental, sino además sugerir cómo el proceso de determinar lo que va a contar como valor estético afecta a la manera en que estas instituciones se enfrentan y trasladan la producción cultural de otras partes del mundo. Aplicar un enfoque autorreflexivo al material que se expone ayudaría a articular las razones que mueven al impulso a exponer. En un ensayo sobre este tema, Ivan Karp y Steven Lavine afirman que“necesitamos experimentos en el diseño de exposiciones que intenten presentar múltiples perspectivas o admitan la naturaleza sumamente eventual de las interpretaciones ofrecidas”. Keith Moxey
Esa propuesta parece haberla tomado el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), al proponer al público que organice su propia exposición entre el recorrido anárquico de 200 obras repartidas entre 4.000 metros. Como telón de fondo, el impulso a coleccionar. Entre la pasión, la creación de otro yo, el símbolo de poder…, una fuerza arrebatadora.
La noticia la conocí a través de un artículo de EL PAIS y acompaña una foto tomada en agosto del 2007 en el MACBA.



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