Poner en valor el patrimonio para aquel equipo de sanadores de cuentas de RENFE en los ochenta, fue levantar el trazado de miles de kilómetros de caminos de hierro, venderlo e inventar las vías verdes y la alta velocidad. No hubo sitio para la vía lenta y debió ser la primera vez en la historia que los gestores del ferrocarril –otrora ensalzado como signo del progreso-, acabaron por recomendar el senderismo y el cicloturismo. En un país tan adaptado a tragar con lo que sea y mandar el pasado con el antepasado, pocas voces críticas se oyeron. Julio Llamazares vertió su lluvia amarilla sobre los trenes de León que perdían su marcha y en el sur nos tocó ver en silencio el desmonte de las traviesas. Se perdió la oportunidad de poder aprovechar estos trazados como base de comunicaciones alternativas de interior y de hacer una verdadera apuesta por el turismo cultural como la oportunidad ofrecía. Apenas quedan los puentes, túneles, viaductos y señales. Alguna estación o apeadero. Algún guardabarrera. Alguna historia a rescatar del camino inoxidado, del cementerio sin hierro por el que pasan los viandantes verdes.
Octubre 5, 2007...3:36 pm
Caminos de hierro
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