RUTA ECO-GASTRONÓMICA EN LA EMILIA-ROMAGNA

 

La Emilia-Romagna se jacta en su publicidad de ser una de las regiones con mejor calidad de vida, colocando siete de sus provincias entre las veinte primeras del país. Un recorrido eco-gastronómico por la región permite descubrir algunas de las posibles razones de ese éxito. El paisaje expresa con insistencia la pasión agrícola y ganadera de esa gente y su vocación por la calidad. No es de extrañar que ostente el nº 1 del ranking nacional por el número de Denominaciones de Origen Protegidas (14) e Indicaciones Geográficas Protegidas (11),  ni que mientras la producción agrícola desciende en todas las regiones, aquí haya aumentado un 2,6%. Al mismo tiempo, un dato curioso para la reflexión. Mientras que la media de los italianos que leen algún libro en su tiempo libre es de un 43,8%, aquí suben al 50,6%. Ese matiz culto de los productores agrarios lo percibí con nitidez en la visita y conversaciones mantenidas en algunas de sus haciendas, un pequeño botón de muestra entre las 81.324 que hay censadas en la región. Varios botones de muestra para comprenderlo.

1)    Una conversación con Massimo Spigaroli en la Antica Corte Pallavicina. Lo que era un descampado a orillas del Po donde al lado de la osteria,  las parejas se reunían a bailar se ha convertido tras un trabajo de décadas en una empresa extraordinaria, con múltiples funciones entre las que destaca la producción artesanal de un embutido típico, el Culatello di Zibello. Viéndole preparar una de estas piezas y desgranar la historia familiar donde se entremezclaba la música de Verdi con la vida del campesinado más inquieto, luego pequeño agricultor, más tarde ingeniosa familia dedicada a los servicios –barcos para cruzar el Po y una osteria donde atender a los viajeros-, para acabar siendo propietarios de la hacienda donde hace más de cien años atrás fueron asalariados, uno comprende el germen de esta simbiosis creativa y productiva nacida en esta “tierra de abundancia” que es la llanura padana .

2)    Las aziende agroalimentarias se han visto favorecidas por una política de calidad –la región concentra en torno al 10% de la superficie y de los productores de agricultura biológica nacional- y por diversos programas públicos que han permitido la creación de rentas complementarias y la conexión directa con los consumidores vía programas de educación del gusto y educación alimentaria. El programa de Fattorie didattiche y la oferta de agroturismo son un buen ejemplo de ello. Un total de 240 empresas agroalimentarias de la región abren sus puertas a este programa educativo que acogió en 2007 a 63.000 visitantes. Educación alimentaria y de gestión que se traduce también en el fomento del producto de los alimentos certificados en hospitales y escuelas.  Un agroturismo verdaderamente recomendable se halla en Corte d’Aibo.

3)    Rutas gastronómicas y de sabores jalonan la geografía regional con propuestas que se extienden más allá del vino, al mundo del queso parmigiano reggiano, el aceto balsámico de Modena y otros alimentos. Incluyendo propuestas innovadoras como La Valle degli Asinelli e del Sapore Biologico, donde basado el turismo de comunidad, se propone un modo innovador de viaje, donde un pequeño ofrece de manera conjunta su patrimonio natural,  el sabor gastronómico, su cultura y tradiciones. El vino de uva tosca, la elaboración de harina hecha en un molino de piedra, la reserva de asnos de Gombola o la visita a la quesería Santa Rita, cooperativa dedicada a producir Parmigiano Reggiano de montaña y biológico, son algunas de las ofertas que incluye esta ruta.

4)    Restaurantes para economías modestas, estrechamente relacionados con estos productos de calidad a la hora de crear su propuesta alimentaria, vayan dos recomendaciones. La primera de ellas, la Osteria Vecchia en Guiglia, buen ejemplo de cómo una casa de comidas puede convertirse en un instrumento destacado para la divulgación y promoción del consumo de productos típicos y ecológicos. Propuesta sencilla y generosa de un emprendedor dinámico, Giovanni Montanari. La segunda cita es en el Restaurante Da Amerigo en Savigno, con más de setenta años de historia y una producción asociada de conservas y productos de huerta.

5)    Dos invitaciones culturales de última hora, ligadas a la región. En primer lugar, la reseña de KOINE, un grupo de teatro que ha escenificado y jugado con numerosos públicos en torno a la mesa, la tierra, los campesinos, los alimentos y los gastrónomos. Pura gula teatralizada de la mano de Silvio Panini, Paolo Pagliani y un elenco de colaboradores. Despedida con Slow Food que localiza en la región una de las dos sedes de la Universidad de Ciencias Gastronómicas y celebra en Bolonia el Festival Internazionale di Cinema e Cibo

 

 

Imágenes del documental WE ARE WHAT WE LOST, de Srdan Mitrovic. Menzione speciale a Slow Food on Film Festival del 2006.

 

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