
Algunas lecturas recientes me han llevado a analizar el papel de la imagen turística de los destinos y la experiencia del choque cultural entre huéspedes y anfitriones. Vayamos por partes.
Obvio es que no viaja uno cuanto quiere y se añade además que cuando lo hago, tal como recomendase Robert Smithson me dejo llevar más por el azar que por las indicaciones de las guías turísticas de turno. Más bien acudo a buscar información práctica y precisa en relación con mis intereses personales. Pero en este caso, y tras leer este verano un reportaje y otros textos en el diario EL PAIS sobre la imagen que las guías turísticas contribuyen a forjar en los turistas que visitan España (imaginen la retahíla: el lugar donde se leen menos periódicos de Europa, donde el jamón se considera parte de la dieta vegetariana, donde sacan a pasear a Dios con cualquier pretexto…), cayó luego vía BlOG DE VIAJES, el enlace con l tesis doctoral de Mª Cecilia Palacios, “La mirada de los otros”, donde reflexiona sobre la construcción de la ciudad y los habitantes de Buenos Aires por las guías turísticas internacionales. Algunos conceptos introducidos en la primera parte de la tesina, me han parecido interesantes para relatarlos en esta nota:
- Las guías turísticas son mediaciones sociales que representan la realidad, eligiendo una explicación particular y no otra. Un análisis crítico de éstas debe posicionarse ante las argumentaciones elegidas en la guía. La interpretación del lugar que representan, conlleva un proceso ideológico y socio-cognitivo en busca de determinadas significaciones.
- Las guías turísticas en tanto que herederas de la creación de imagen romántica de los lugares visitados, se dedican abiertamente a mostrar su “autenticidad”, de una realidad tal cual el turista debiera percibir y vivir.
- Cada guía lleva a cabo su objetivo de explicación del mundo con su retórica y estilo propio, siguiendo la estela descrita desde la antropología del consumo respecto a dos premisas que aunque paradójicas, se complementan: la homogeneización interna de la cultura por un lado, y por otro, la necesaria atracción étnica de ciertos grupos.
- La hipótesis bajo las que en concreto se construyen las guías de Buenos Aires –y no parece ser un enfoque excepcional-, es la visión eurocéntrica, europeísta y norteamericana, conforme a la procedencia mayoritaria de sus lectores. Una Buenos Aires “casi” europea, dispuesta a construir la alteridad y la identidad basada en una visión subjetiva del destino, con las contradicciones, tensiones y ocultaciones consiguientes.
Paralelamente a la construcción de la imagen viajera de los destinos, el choque cultural entre habitantes y turistas ha sido un tema al que también ha prestado atención la antropología turística. En su día escribí respecto unas notas respecto al choque-cultural, que ahora recupero, al conocer la denuncia hecha por Tourism Concern, sobre la situación en la que se hallan los refugiados birmanos Padaung, también conocidos como los “Kayan”. Sin derechos humanos que les protejan e impedidos de reasentarse fuera del país, éstos son víctimas de las autoridades y operadores turísticos tailandeses, país donde se refugiaron hace dos décadas y donde son usados como atracción turística debido al interés que levantan en los turistas los vistosos aros de metal que llevan algunas mujeres y jóvenes. Convertidos en un verdadero Human Zoo, ahora denunciado en un documental que relata la situación de esta población. Las mujeres que portan los largos aros de latón reciben una media de 24 £ al mes en la estación turística alta –un turista paga 4 £ por a visita a los poblados-, en tanto que el resto de la población no recibe nada y sobreviven gracias a la ayuda humanitaria. El gobierno tailandés controla el dinero ingresado repartiéndose los beneficios con los touroperadores, e impidiendo cualquier posibilidad laboral o de realojamiento a esta población al negarle los derechos de refugiados. Algunas mujeres del poblado han comenzado a rebelarse ente esta explotación y Naciones Unidas junto a algunas ONGs han denunciado la situación.




1 comentario
Enero 19, 2009 a las 6:01 pm
[...] La relación entre nativos y turistas, entre huéspedes y anfitriones ha sido a lo largo de la historia más reciente del turismo un exponente preclaro de los avatares en medio de los que esta actividad se ha desenvuelto. Así, en la efervescencia del turismo de masas característico del periodo fordista, los monumentos aparecían en las imágenes de las postales vacíos de turistas y los residentes apenas hacían eco de presencia salvo en la pose etnográfica del pescador, la necesaria aparición del guardia dirigiendo el tráfico o el coche de caballos a la puerta del principal atractivo histórico-artístico de la ciudad. Sin embargo y tras los pronunciamientos más o menos matizados de cómo se ha enfocado esta relación entre los que llegan a un lugar y los que ya están en él, se ha destapado una urgente y manifiesta necesidad de mostrar juntos a turistas y vecindario, en un entorno neutral donde tal vez ni siquiera el vecindario conserve ya sentido de vecindad con el lugar que habita. Han surgido así experiencias que buscan representar el ideal de autenticidad y buena convivencia con el que tanto la industria turística, como las administraciones, como el viajero de buenos sentimientos, como el local de hospitalaria condición, quieren reconocerse. Del couchsourfing, a las campañas dedicadas a fomentar el turismo de los propios residentes, a los greeters que enseñan New York, Toronto, Chicago, Houston, París o Escocia, con especialidades incluidas como las gastronómicas en compañía de gente gourmet o sencillamente guiados por gente local. Del “turista a tu casa”, al “turista en casa”, la percepción de pertenencia al lugar se mueve a la misma velocidad de cambio que la llegada del Señor Obama representa para la Casa Blanca. O al menos así parece. [...]