MEZQUITA DE CORDOBA

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Días atrás visité con unos jóvenes árabes la Mezquita de Córdoba, tras hacer efectivo el pago de los preceptivos 8 € de precio de acceso. Era un día tranquilo en hora de siesta, así que pudimos disfrutar de un tiempo relajado entre el característico bosque de columnas de una de las grandes mezquitas del mundo. También pudimos leer el texto del folleto que a la entrada ofrecen en varias lenguas a los visitantes. Una serie de afirmaciones impregnadas de amor al prójimo y humildad se repetían en los párrafos del panfleto que lleva por título “La Catedral de Córdoba. Testigo vivo de nuestra historia”. Sin más comentarios, entresaco algunas líneas: “La Catedral de Córdoba no es simplemente un monumento o un templo intercultural; y tampoco una Mezquita, sinola iglesia madre de la Diócesis… Es un hecho histórico que la basílica de San Vicente –templo visigótico– fue expropiada y destruida para edificar sobre ella la posterior Mezquita, cuestionando el tópico de tolerancia que supuestamente se cultivaba en la Córdoba del momento … Es evidente que los cristianos ansiaban proclamar el evangelio por el cual muchos habían entregado su vida. Se trataba de recuperar un espacio sagrado al que se había impuesto la presencia de una fe ajena a la experiencia cristiana… Es la Iglesia, a través del cabildo Catedralicio, quien ha hecho posible que la antigua mezquita del Califato de Occidente, la Catedral más antigua de España, patrimonio histórico de la Humanidad, no sea hoy un montón de ruinas. Porque una de las misiones de la Iglesia siempre ha sido custodiar e inspirar el arte y la cultura”.

Arrogante de ese destino en lo universal que a todos procura, ese Cabido hace y deshace a su albedrío en el patrimonio histórico. Prohíbe rezos islámicos en su interior, prohíbe rodajes de películas, autoriza actos correctos políticamente, no explica cómo vigas históricas de la Mezquita han de adquirirse en casas de subastas, y eso sí, pone religiosamente a disposición de feligreses y turistas, su santificado cepillo. Con todo respeto, amén.  

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