Envero

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Llega el otoño, las primeras lluvias, el viento, las nubes, un instante tan perturbador que incendia con su invisible fuego de cambio el alma del olivar. Las aceitunas comienzan a virar de color en tonalidades imposibles. Las aceitunas de mesa llegan al final de su ciclo. Permiten recordar el aroma y el gusto de plantas silvestres como tomillos, oréganos o hinojos que concilien el amargo poderoso del fruto con la sal de la vida. A partir de ahora si las lluvias acompañan, el sol, las nubes, los cambios de temperatura cumplen su inolvidable cometido, empujarán las aceitunas hacia un envero que sólo concluirá cuando en el molino den lo mejor de su zumo. Por eso a los amantes del oleoturismo no hay mejor época para invitarles a pasear en el olivar que estos días de octubre, tan fugaces como el color en las ramas del olivo.

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