2 DÍAS A CAMELLO, UNA SEMANA para escribir un libro

Thomas Kohnstamm ha puesto el dedo en la llaga, al confesar en su libro Do Travel Writers Go to Hell? que no siempre había visitado los lugares sobre los que escribía. Tema tan recurrente como la historia del viaje y la literatura. Realidad o ficción, demasiado viejo asunto como para levantar polvareda alguna. Si no fuera por un lado por el prestigio de una editorial como Lonely Planet que alardea de que sus escritores no aceptan pagos, descuentos, ni gratuidades a cambio de cualquier tipo de reportaje positivo. O  por la comprometida labor de unos prescriptores que deben velar en incómodas condiciones –plazos imposibles, poco dinero, falta de apoyo, según Kohnstamm- por la verdad escrita que transmiten a sus lectores. Y la cuestión puesta así, invita a tener una novia que trabaje en el consulado de turno del país sobre el que escribes, y que sea ella la que trasiegue la información confidencialmente diplomática hasta las páginas viajeras de tal o cual destino. No esperará ningún editor como bien plantea Roger Norum que gastes dos días montando a camello en el Gobi para luego escribir el libro en una semana. El affaire Kohnstamm, a quien este rumor genere buenos réditos, me recordó a esos otros inspectores bajo sospecha, los sabuesos Michelin.  Dice Kohnstamm que su deseo es poner de relieve el papel de las guías de viaje en el contexto actual, como herramientas útiles y no otra exigencia mayor, fuera por otra parte de lo que piden los tiempos. En este momento, hay por suerte numerosas alternativas. Por un lado los comentarios del personal anónimo, no exentos de paradójicas y antagónicas contradicciones en cualquiera de los foros públicos de opinión viejera existentes. De otra parte, tenemos periodistas que haciendo buen uso del código de su profesión, explicitan a pie de página cada vez que son invitados a algún evento, viaje o asunto del que escriben. Mi amigo Pedro Garcias –añadiré que no hay relación comercial alguna que provoque este comentario- editor del suplemento viajero FUGAS, en el diario portugués PUBLICO me mostró hace tiempo la buena práctica de esa sana costumbre. Por cierto los suplementos de viaje editados por los periódicos también darían para más de un comentario. Por último señalar la alternativa más fresca de entre las que nos ocupan. Vicky Baker, travel networker –he aquí un nuevo género- para THE GUARDIAN por Sudamérica y Centroamérica, reivindica los guías locales como alternativa. Algo que los que nacimos o vivimos en un pueblo o en un barrio, siempre hemos dicho. Nadie mejor para no equivocarse en la elección de la tasca que has de elegir para beber algo y charlar a gusto, sin rumbo fijo. ¿No era eso el viaje?   

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