MIGRACIÓN SIN FRONTERAS

Las preocupaciones del gobierno Berlusconi van quedando al desnudo con la más igualitaria de sus ministras. Primero Mara Carfagna enamoró al gran capo, después se retrató en Interviu, pero lo mejor hubo de llegar en el consejo de ministros italiano cuando inquirió a sus colegas enfrascados en plena misión de “caza de gitanos” y planificación legal de expulsiones de inmigrantes, acerca de la asistenta de su madre. ¿ Y qué pasa con mi asistenta? será posiblemente el  pronunciamiento público por el que pase a la historia la miss ministra. A la barbarie desatada por el gobierno Berlusconi se ha unido el destape de los planes de Sarkozy para imponer nuevos controles biométricos, rigores penales y otros endurecimientos a la política de movilidad de la UE durante la próxima presidencia francesa, aspiraciones a las que parece no hacerle ascos el presidente español, ZP. La ciudadanía que padece la crisis, los obreros no cualificados, saben en cualquier lugar del mundo, cómo la política migratoria es una política económica que siempre perjudica a los mismos, salvo cuando la política económica manda en contra y abre las puertas a los menos cualificados. ¿Qué hubiera sido de la industria alemana o del campo francés sin la inmigración turca o española de trabajadores durante tantas décadas? ¿Qué pasaría en el mundo si en lugar de estas políticas del miedo y restricción del derecho de movilidad, los flujos humanos fueran libres? ¿Cómo sería un escenario de migración sin fronteras (MSF)? Hace pocos años, la UNESCO invitó a un grupo de  investigadores a reflexionar sobre esta hipótesis. Desde el punto de vista ético, social o económico, el informe resultante, reclama la revisión de los derechos fundamentales para incluir un derecho a la inmigración que acompañe al derecho reconocido de emigrar, abogando éticamente por este MSF, que no exento de incertidumbres se presenta como “una fuente de ideas para imaginar políticas migratorias más justas”. Un repaso a la historia reciente de los movimientos humanos y la flexibilidad de las fronteras pone en entredicho o al menos levanta dudas sobre el escenario de miedo que siempre se pretende desatar cuando se proponen estas alternativas, cuyo mayor reto es que deben ser abordadas como un compromiso global, pues obviamente soluciones parciales conllevan evidentes riesgos para aquellos gobiernos que asuman en vecindad políticas diferenciadas. De ahí la gravedad que plantean a la política europea de movilidad los terremotos Sarkozy y Berlusconi unidos.

La imagen que encabeza este post es una obra del pintor Rafael Alvarado, que expone estos días en la Galería Cartel de Málaga, la exposición “Espacios Transitados”

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