NEW TRAVELLERS Y VIEJA LITERATURA VIAJERA

Murió Darvish, tal como dijimos, y nos recordó palabras de viaje no forzado. Exilios, confinamientos, destierros, desplazamientos, conceptos no siempre sinónimos pero si difíciles, injustos, duros de vivir. A vueltas con el turismo metafísico, añadamos algunas reflexiones sobre nuevas formas de viaje y viejas obras literarias, maestras en el arte de relatar el movimiento.

Hallé en la revista OS URBANITAS  un texto interesante de Marcelo Frediani, acerca de los nuevos viajeros ingleses, esos que desde los años 70 del pasado siglo iniciaron  una nueva trashumancia que incluye a grupos de personas y familias que escogieron voluntariamente escapar de la sociedad de consumo y de los problemas económicos, optando por un modo de vida itinerante. Gente ligada a la ocupación de casas, desempleados, ecologistas, pacifistas o contraculturales, según el lugar y el tiempo. Bautizados como new gypsies por la oficialidad y los tabloides, representan un nutrido contingente cifrado en el verano de 2004 en más de 15.000 caravanas en Inglaterra y Gales. El estudio de Frediani – Les new travellers en Grande-Bretagne. Nomadisme, actions et résistances. Éditions Imago, Paris. À paraître 2008-, emplea un tratamiento socio antropológico para acercarse a la vida cotidiana de estos nómadas contemporáneos, sus motivaciones sean como forma de resistencia política, reacción a la exclusión o ambas a la vez. En todo caso, son alternativas ligadas directamente a las sociedades capitalistas avanzadas, generadoras cada vez de mayores bolsas de excluidos.

A diferencia de los gitanos, estos new gypsies, no continúan una tradición errante de carácter étnico, sino que son nómadas en función de razones positivas y negativas, objetivas y subjetivas.

Entre las razones objetivas Frediani señala tanto ideológicas como  socio-económicas que les convierten en refugiados socio-económicos, en tanto que entre las causas subjetivas, aquellas que conducen a buscar un sentido divertido de la vida, un compromiso ambiental o político, un vínculo comunitario o sencillamente la perpetuación del placer del viaje y la vida en movimiento.

Los conflictos vividos en diferentes situaciones y la labor ácida de los medios, dieron pie a legislaciones restrictivas desde 1994 que han venido a declarar ilegal en la práctica este modo de vida. Normas que se inscriben en esa secuencia de registros excluyentes creados contra la gente que vive en tránsito. Se han acrecentado con ello las dificultades para que estas personas puedan organizar de un modo razonable cualquier derecho de tipo laboral, educativo o sanitario.   

La conclusión a la que llega Frediani es que se trata de una minoría pobre alojada en una sociedad rica. No se trataría de un modelo político revolucionario que abogase por una sociedad nueva sino la reivindicación al derecho a vivir nómadas. Una paradójica forma de atraer la mirada sobre grupos de excluidos, sobre la invisibilidad tan fomentada por la sociedad capitalista, de ahí su verdadero carácter subversivo. De ahí la persecución al mismo.

De ahí la denuncia ante la violación de un derecho, el nomadismo.

Las fotografías que acompañan este texto están tomadas del trabajo de Frediani. Para saber más:

http://www.gypsy-traveller.org/

http://www.travellerslaw.org.uk/

http://www.travellersschool.plus.com/

El apunte literario viene también a cuento de recientes demandas veraniegas acerca de la elección de los libros y autores preferidos de literatura viajera. En la tertulia de Blog de Viajes ya se citaron gustos que comparto. Grandes nombres del género como Kerouac, Chatwin, Kapuscinski o Calvino. A ellos quisiera sumar la obra de tres nómadas en estado puro, que salen al viaje en su dimensión más simple y no necesariamente lejana, para llenar con ello unas páginas en blanco, un peregrinaje personal o la huída de un fracaso amoroso. Sucesivamente, El Paseo, del austríaco Robert Walser; Caminar de Henry David Thoreau y Viaje en burro por Cevennes de Robert Louis Stevenson. Tres delicias clásicas que reconstruyen el viaje en tres pasos, tal como el propio Walser escribió al relatar la vida de Hölderlin: “Hölderling salió de la casa, vagó todavía un tiempo más en el mundo y cayó luego en una demencia incurable”. Todo ello, si acaso sirviera, como el propio Stevenson escribía, para dar lugar al ansiado libro que le permitiera ganar los necesitados dineros…

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