TERRORISMO Y TURISTAS

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Hace tan sólo unos meses me tocó escribir unas líneas acerca del impacto del terrorismo sobre los flujos turísticos. Lo hice acerca del atentado terrorista perpetrado en el Hotel Paradise de Mombasa, un resort situado en la costa de Kenia, el día 28 de Noviembre de 2002. Se produjeron paralelamente dos atentados en la misma ciudad del sur de Kenia. En el primero, tres terroristas suicidas hicieron explotar un coche bomba en el citado hotel, causando quince muertos –tres terroristas, tres turistas israelíes y nueve bailarines kenianos-, y 80 heridos. Simultáneamente tuvo lugar un ataque frustrado contra un avión Boeing 757 de la compañía charter israelí Patkia, sobre el que se lanzaron dos misiles tierra-aire tras su despegue en el aeropuerto de Mombasa. El atentado fue reivindicado por un grupo desconocido llamado “Ejército de Palestina”, relacionado con la red terrorista Al-Qaida. Estos grupos palestinos jihadistas ya habían atentado en 1997 en Luxor, uniendo en un objetivo común de sus atentados a turistas blancos, especialmente norteamericanos e israelitas. La costa swahili ha sido un objetivo buscado por este tipo de terrorismo por motivos culturales, dada la ligazón histórica de esta zona con el mundo musulmán. En 1998 se produjeron dos bombardeos terroristas simultáneos contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar-es-Sallam. Los métodos policiales para detener e investigar a los autores de aquellos atentados añadieron una presión extra sobre la población musulmana, que pudo contribuir a desencadenar el nuevo atentado en el año 2002.  Toda la zona es además especialmente sensible a los ataques terroristas por la presencia de buques petroleros y la vecindad de Somalia, un reino fácil para el transporte y tráfico de armas y explosivos. Doce personas de nacionalidades somalíes, pakistaníes y americanos, fueron detenidas tras los dos atentados. Esta variedad de nacionalidades se relaciona con el papel inspirador de Bin Laden y de Al-Qaida como una red que se ha propagado en áreas tales como África Oriental, Nigeria, Indonesia o Kenia, lugares donde hay conflictos entre cristianos y musulmanes o historias “inflamables” como la costa swahili donde el conflicto es tanto étnico como religioso. Kenia ya había sufrido un catastrófico descenso de visitas tras los atentados de agosto de 1998, tras haber vivido su época dorada de turismo entre 1994 y 1996. Tras los atentados, el propio ministro de Turismo de Kenia temió un revés temporal en el sector. Los datos han mostrado que esto no ha sido así y se ha pasado de 333.990 llegadas internacionales en 2003 a 1.479.000 en 2005. En general se observa tras este atentado y otros aún más impactantes, en particular el 11 Septiembre en New York, como los impactos se focalizan y difuminan rápidamente, gracias en especial a una estrategia de comunicación adecuada. Así se ha corroborado en la última década en Bali, Uganda o Egipto, sin que por ello disminuyan por su importancia y trascendencia local los ataques, secuestros o asaltos en diferentes puntos del planeta (Túnez, Argelia, Marruecos, Yemen, Egipto, etc.). 

Desde que escribiera esas líneas anteriores, los secuestros y atentados contra turistas y zonas turísticas no han cesado. Si atendemos a las previsiones que para 2030 vaticina el futurólogo turístico, Ian Yeoman, tenemos que destinos foco de esta problemática, ocuparán lugares muy destacados entre los receptores de turismo internacional. Turquía (90,8 millones de llegadas, 4º ranking), Malasia (70,7 millones, 6ª), Tailandia (39,3 millones, 11ª). Pero también Egipto, Rusia… y otros destinos donde la seguridad no prima en uno u otro sentido. La gestión de crisis se convertirá sin duda en materia de aprendizaje y los costos derivados generarán nuevas demandas acerca de los derechos de los consumidores, los gastos de los seguros de viaje,  o las relaciones entre estados. Los recientes atentados en Bombay o las decenas de miles de turistas atrapados en Tailandia, son pesadas piedras que caen sobre los pronósticos que anuncian mil novecientos millones de turistas internacionales en 2030.

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Una respuesta a “TERRORISMO Y TURISTAS

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