CONGRESO DE COFRADÍAS GASTRONÓMICAS ANDALUZAS EN LA SIERRA SUR DE JAÉN

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Pasé unas horas en Valdepeñas de Jaén en el Congreso Internacional de Cofradías Gastronómicas de Andalucía. La Sierra Sur de Jaén presentaba la mejor de las caras de lo que será una primavera sin duda hermosa en un paisaje que funde sierra con valles interiores, frutales por cualquier parte y agua que mana a borbotones de cualquier lugar. En Venta del Carrizal está el punto de venta de verduras, frutas, legumbres y conservas de esta tierra fértil, cuando menos más original que en carretera alguna pueda encontrarse. Comprar allí es tan fácil como tocar un timbre! Me declaro cliente avezado de este  tenderete.

En el Congreso, algarabía de capas de rigor coleccionistas de pins, irrupción de la radio nacional con alguna de sus estrellas que los vecinos conocían casi de toda la vida por la forma tan familiar como les nombraban cuchicheando –mira, mira la Pepa-, en medio del desfile procesional, banda de música municipal y auto religioso incluido.

La edad media de los cofrades denota la urgencia de modernizar con nuevos bríos una estructura social ligada con algo tan importante como la gastronomía, o al menos debiera ser una prioridad antes que morir de inanición. Una renovación demográfica y cultural, excepciones disculpen esta nota crítica, innovadora de la que en la programación del Congreso apenas escapaban las propuestas sociales ligadas al Taller de Alicia Ríos con sus sombreros comestibles y una exposición de mujeres de la sierra, presentando una colección de piezas naif con el esparto serrano como hilo y materia conductora.

Lo mejor de esta zona donde la tortuosa carretera obliga a fijar la atención, es junto a su paisaje, su gente, una colección de sencillas y anónimas personalidades entre las que puede uno hallar productores ecológicos, custodios de viejos molinos harineros, concejales y técnicos de desarrollo, figurantes de una danza social que incluye la feria de productos de la tierra en la plaza del pueblo, mujeres de pueblo que bailan con el escritor inglés Michael Jacobs, los paseantes a la orilla de un curso de agua tan ruidoso como ausente de hortelanos, comensales en fiestas comunitarias bajo la atenta presencia del dornillero Manuel “el Sereno”, miembros de un nuevo convivium de Slow Food que echa a andar por estos lares camino de la excelencia. En fin, que surgen mimbres para trabajar un curioso diseño rural acorde con los tiempos que corren.

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Archivado bajo Alicia Ríos, Slow Food, TURISMO GASTRONÓMICO

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