DUBAI, ¿EL FIN DEL SUEÑO?

Hemos traído varias veces a OLEOPOLIS el original desarrollo turístico / inmobiliario de Dubai. Aún en la reciente edición de FITUR pude recoger en el stand de este emirato árabe, algún material informativo que mostraba plenamente las contradicciones que en anteriores notas ya hemos venido subrayando. Así, en la guía oficial de bolsillo del gubernamental Departamento de Turismo y Comercio convive el slogan presto para fascinar –Dubai, where one great experience leads to another-, con las limitaciones propias de un régimen no democrático,  vertidas en indicaciones tales como las que siguen, según copiamos del apartado “DO’S AND DONT’S”: However, rude or aggressive behaviour and wearing of revealing clothing in public places should be avoided. Public displays of affection between a man and a woman in public places should also be avoided at all times. This form of greeting is deemed disrespectful and maybe subject to arrest…

Aun con ser singulares, estas limitaciones son ampliamente sobrepasadas por la restrictiva legislación  en marcha, que lejos de adivinar una apertura del régimen, supondrá según informaba un reciente artículo de The New York Times, una pesada carga sobre la información libre a la que el Estado podrá castigar con multas superiores hasta los 200.000 €, siempre que éste considere que atentan contra la reputación del país. La situación de crisis según el relato de Robert F. Worth ha llevado a abandonar los megalómanos proyectos urbanísticos y la crisis económica se cierne sobre la numerosa población inmigrante que huye despavorida ante las penas de cárcel con las que pueden ser condenados ante el impago de deudas contraídas en el país. Los miles de coches abandonados en el aeropuerto internacional serían la imagen de un cementerio de chatarra de lujo, metáfora cruel del paraíso dorado cuyo brillo irradiaba en el universo.

Con todo, las revistas internacionales de viajes como Ulysse, muestran aún en su esplendor, los días felices del emirato, lanzado a una estrategia de desarrollo donde junto a la construcción y las finanzas, el turismo era el eje de una reputación a la que ahora algunos no dudan en calificar de estafa.

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Bryan Denton for The New York Times

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