URUEÑA, villa del libro

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La iniciativa de la Diputación de Valladolid de convertir Urueña en una Villa del Libro, a semejanza de Hay-on-Wye, Montmorillon o Monterregio me  parece tan necesaria como mejorable. Se la pueda alabar en algunos aspectos como criticar en otros muchos. Hace un par de años ya lo hizo en su blog Juan Freire, atrayendo algunos comentarios muy interesantes en uno y otro sentido.

No es difícil reconocer la necesidad y la urgencia de evitar el derrumbamiento por abandono de muchos municipios rurales. Con más precisión, esta fue una tarea que debió acometerse hace décadas cuando muchos vecinos abandonaron sus pueblos sin querer mirar atrás. Ahora es tarde en muchos casos y para comprobarlo basta con pasearse por numerosas localidades cercanas a Urueña, para contemplarlas desérticas y arruinadas. Urueña no sería probablemente una excepción si no fuera por esta pretenciosa rehabilitación destinada a convertirla en un objeto de interés turístico para interesados en la cultura. Primero fue con el asentamiento en la villa de la Fundación Joaquín Díaz a la que se unieron el Museo del Gramófono y el Museo Luís Delgado de Instrumentos Musicales. Probablemente se tratase de propuestas bien intencionadas, sin duda dotadas de colecciones muy interesantes pero que no han dispuesto de una estrategia turística y de comunicación adecuadas. La alternativa de la Diputación de Valladolid, no exenta de interés en cuanto a la necesidad de crear espacios dedicados a la cultura y en particular al fomento de la lectura, parece haber pecado de artificiosidad y falta de acierto a la hora de enganchar al territorio y sus gentes en esta propuesta. Así, el espacio se sigue mostrando casi vacío, lo que subraya el carácter postizo de la puesta en escena. El elitismo de alguno de los equipamientos citados, se manifiesta en la falta de interés para disponer un horario de visitas acorde con los tiempos. No puede explicarse por ejemplo que la Fundación Joaquín Díaz sólo permanezca abierta los sábados y domingos en horario de 10 a 13 horas. Con todo, Urueña necesita de un modelo propio que más allá de su propagandístico alineamiento con esas otras villas del libro, ofrezca una experiencia más creativa y sugerente para las miles de personas que viajan a pocos kilómetros por la A-6, una propuesta que reinvente el territorio en términos de sostenibilidad y evite la especulación lujuriosa escrita en sus paredes bajo el título de “SE VENDE”. Mal síntoma para la salud de cualquier pueblo si la lectura más exhibida es la del reclamo de su propia venta. Por cierto, los Navegantes del Palomar gestionan desde hace pocas semanas una de las librerías de Urueña, El Rincón Escrito, y pueden contribuir a la necesaria revitalización de un modelo que peca de esclerosis institucional y falta de voceros. Una respuesta al comentario sincero y provocador de una paseante que se preguntaba acerca del interés no ya de una villa dedicada al libro, sino del libro mismo, objeto inútil que apenas sirve para ser leído una

vez a lo largo de la vida.

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