NOCHES DE HOTEL

Pensando para una amiga el nombre de un hotel de Nîmes del que no consigo acordarme, fui a ver una comedia romántica “Hotel Paraiso”. Resultó algo ñoña pero estimulante para un ejercicio de rebobinado sobre habitaciones de hotel por las que hemos pasado alguna vez, entre el sueño y la pesadilla. Pocas canciones como Hotel California para provocar en nuestra alma el deseo irrefrenable de partir hacia un lugar de cuya atracción no podemos escapar, sin importarnos siquiera si habrá la posibilidad de regreso. Ese viaje a una estación terminal donde vivir el éxtasis y escuchar las voces del tiempo o si acaso el silencio.

Hoteles como el IMPERATOR de Nîmes donde sus empleados te consideran torero si viajas en primavera y hablas la lengua de los matadores. Hoteles contagiados de la sencillez de la Maison Carrée como el cercano Royal Hôtel, que te ofrecen paredes blancas de cal, bañeras de antes, losas cuadradas de decoración geométrica, balconadas, sábanas hechas para la arruga permanente y la luz interior del mediterráneo. O el Hotel Kyriad, donde descubrir con la vista a la altura de los tejados, el significado de vivir en una verdadera mansarde que hasta entonces pensé era una palabra inventada por Alvaro Pombo. Lugares donde convertirse a algo, no importa qué, a fin de cuentas los hoteles son lugar donde abrazar sagradas devociones, lugares de fé al lado mismo del paraíso.

Más prosaicos, los hoteleros españoles desmenuzan las cifras del drástico descenso de las pernoctaciones hoteleras, una estadística de esas que acaban por marcar a generaciones enteras, nutridas trimestralmente de una serie de datos tan necesarios como inútiles. ¡Qué lejos estos números ahora ingratos de la ilusión del viaje! Tal vez los hoteleros podrían hacer un esfuerzo y ofertar a precio gratuito las voces y canciones de sus habitaciones y salones. Convertidos de nuevo en espacios habitados, aunque sólo sea por conocer los fantasmas, tal vez entonces los turistas vuelvan y los dígitos se revolucionen.

Para acabar, una de cultura general, o sea, libros de viajes y hoteles que quiero leer, no pude comprar y gustoso estaré de quien lo quiera enviar para compartir ideas acerca de su lectura: “Hotel nómada” de Cees Nooteboom. Una frase del mismo: «Sigo construyendo mi hotel, ese inexistente edificio que sólo existe en mi cabeza, el hotel del mundo próximo y lejano, de la ciudad y del silencio, del frío y del calor.» (Gracias por adelantado, Siruela)

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Archivado bajo Literatura viajera, Turismo conceptos

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