Archivo mensual: agosto 2009

¿VIAJAR solo, con otros o quedarse en casa?

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Mucho se ha escrito acerca del viaje interior, del viaje a cualquier parte como medio para facilitar la entrada en uno mismo. Pero hay quien piensa que viajar es siempre una ocasión para los otros. Sea para concertar alianzas de mutuo acuerdo y beneficio, sea porque el viaje en si mismo es una obligación con los otros, un espacio de apertura, cortesía y sitio obligado para las concesiones por encima de los caprichos, antojos o búsquedas personales.

Claro está que hay quien puede –no todos nos atrevemos con facilidad- optar por viajar en soledad como forma de vaciado personal, de crecimiento durante ese tiempo en tránsito. En el otro supuesto, quienes viajan en grupo encuentran una ocasión adecuada para mejorar la práctica de la convivencia, no siempre fácil, menos aún en situaciones que se prolongan durante días. Hay quien ofrece, como hacía Borja Vilaseca en EL PAIS SEMANAL hace unas semanas, consejos prácticos para una exitosa experiencia del viaje en grupo, concretados en cinco cualidades emocionales: paciencia, flexibilidad, respeto, sentido del humor y gratitud.

Hay quien, como el escritor y viajero Cees Nooteboom, opina que el viaje se hace siempre con el punto de mira puesto en los otros. Así lo escribe en Hotel Nómada: “uno viaja solo en un mundo dominado por los demás… por muy solo que viajes siempre estarás rodeado de otras personas, de sus miradas, de sua cercamiento, de su expectación…”

Hay quien viaja sin mover un pie de casa y solo o con otros, protagoniza una nueva cartografía de experiencia vital y turística. A la extravagancia del viaje que en su día vivieron gentes como Cortazar –viajando con su mujer a través de las áreas de descanso en una autopista francesa-, se han sumado literaria o experimentalmente en las últimas décadas nuevos adeptos, hasta poner de moda, la staycation como opción alternativa basada en la permanencia en la casa o con desplazamientos cercanos a la misma.

Pero volviendo al asunto del viaje solo o acompañado, parece que entre los escritores prevalece el viaje solitario como opción más recomendada. Desde William Hazlitt –el que viaja en compañía tiende a comentar con los otros todo lo que ve y a encontrarlo todo muy extraño, Y no percibe que en realidad el extraño es siempre él…-, Stevenson que pensaba que una excursión a pie debe hacerse a solas, porque la libertad es esencial, Rousseau o Walser, parece que estamos ante una práctica que debiera ser hecha en soledad. Una excepción escrita por el ensayista inglés Laurence Sterne: “Déjenme tener un compañero de viaje aunque sólo sea para observar cómo se alargan las sombras y declina el sol”.

¿Ustedes viajan solos, acompañados o se quedan en casa?

 PARA LEER:

–          Pasear y pensar. Enrique Vila-Matas

–          El arte de caminar. W. Hazlitt, R.L. Stevenson

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MUSEO DEL PAN DE MAYORGA

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Si usted es vecino de la zona de Tierra de Campos y desea conocer mejor el pan en todos sus aspectos, o si tal vez es forastero y desea apreciar el pan de Valladolid, no debería dejar de visitar el Museo dedicado a este alimento en el municipio vallisoletano de Mayorga. Creado con estos objetivos por la Diputación de Valladolid, pretende ser desde su apertura a inicios de este año, un recurso atractivo, didáctico y divertido, dinamizador del municipio y de la comarca. El edificio del Museo se levanta sobre la que fuera iglesia de San Juan y otros terrenos colindantes, extendidos sobre la vega del río Cea. Las formas externas de los dos edificios que conforman el museo contrastan en sus volúmenes a la vez que se unifican en el color blanco común. El espacio visitable se extiende por un conjunto construido en una superficie cercana a los 3.000 m², divididos los contenidos en tres plantas. La visita tiene una dirección descendente, de arriba hacia abajo,  pasando desde la planta tercera dedicada a los cereales,  la segunda donde se exhibe lo relacionado con la molienda, la primera concentrada en la panificación y la planta baja dedicada al pan en la cultura.

Esta breve introducción refleja los objetivos de la entidad promotora y los distintos ámbitos que conforme al plan museográfico se han desarrollado en el espacio museístico, con una inversión que debe haber rondado los tres millones de Euros.

Tras pagar en la recepción del centro los 6 € de coste de la entrada individual hice una visita a este museo institucional para constatar la confusión del resultado final y la falta de una impronta en la exposición que hiciera de este museo algo verdaderamente único, por encima de ser el solo museo dedicado al pan en nuestro país. En primer lugar llama la atención la escasa importancia de la colección de objetos, siendo pocas las piezas originales que soporten el discurso museológico pretendido. Más aún se echan a faltar aquellos elementos propios de la cultura inmaterial que conecten con la identidad local, la memoria del territorio, la ruralidad y la gente, es decir aporten la autenticidad que debe trascender a una propuesta de museo local / temático como entendemos es el caso.

La puesta en escena es confusa y poco acertada, así por ejemplo, la réplica más importante de un molino queda excluida del lugar de preferencia que debiera tener, del mismo modo que unas vitrinas ocultan la visibilidad adecuada desde el edificio principal de la nave de la iglesia en la primera planta, falta el olor del pan y la actividad de una tahona con un panadero que diera sentido sensorial a la visita haciéndola verdaderamente inolvidable. Del mismo modo se echa en falta una presencia del paisaje, la naturaleza o la arquitectura rural, respecto a la Tierra de Campos donde se ubica el Museo. La difusión y protección desde la práctica,  aprovechando la atalaya que un museo del territorio representa, de las variedades locales de cereales, hornos, molinos y tahonas…son aspectos que tampoco encuentran eco en este museo del territorio. Más aún, falta la participación y presencia de la gente de Mayorga y Tierra de Campos. Tras visitar el Museo hablé a la sombra de los árboles que rodean la vecina Iglesia de San Toribio con dos jubilados del pueblo y ambos se mostraban contrarios al modo en que el ayuntamiento había actuado en este proceso de creación del Museo por parte de la Diputación de Valladolid. Igual podía haber sido un museo del pan que cualquier otra cosa, se lamentaban ante la falta de información y participación de la gente con este proyecto institucional, máxime en un espacio, la Iglesia de San Juan, donde habían trabajado voluntariamente hace décadas mucha gente del pueblo, cuando estaba ésta ruinosa, con objeto de asegurar su consolidación y uso como panera donde guardar el grano.

Ausente de estas ideas que venimos describiendo, el museo corre riesgo de convertirse en un amasijo de reproducciones que a manera de rompecabezas reúnen numerosos recursos técnicos que no acaban de encajar ni con el espacio –la planta baja ejemplifica sobremanera esta confusión de contenidos y recursos deslavazados en torno a la cultura del pan-, ni con el plan museológico y museográfico, ni entre ellos mismos.

Esto es de lamentar cuando muchas veces los museos locales o los centros de interpretación son la única forma de conexión directa que tienen los visitantes con un territorio donde han llegado y que de algún modo necesitan percibir y disfrutar en su autenticidad y complejidad, a través en este caso de un elemento de interés, el pan, con más que atractivo suficiente para enganchar la atención de los turistas y vecinos interesados. Es en este sentido donde este Museo del Pan es un intento a mejorar si pretende cumplir el objetivo de acercar a los visitantes a la naturaleza del pan y a la cultura del pan en Tierra de Campos.

Claro está que si usted ha visitado el Museo o es vecino de Mayorga o Tierra de Campos,  sería interesante conocer sus comentarios. Tal vez ayuden a mejorar la gestión futura del Museo, reto tan transcendente o más como su concepción de partida. Con ese objetivo están escritas estas notas.

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TURISMO EN VILLAS ROMANAS

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En los últimos días tuve ocasión de visitar dos villas romanas localizadas en provincias limítrofes y valorizadas ambas con igual intencionalidad turística. Sin quererlo, o tal vez sí, presentan una competitividad que puede ser tenida en cuenta a lo largo de la visita o en un posterior análisis.

En definitiva si se postulan con abierta vocación turística, como tal debieren ser evaluadas. Sin más rigor que el que corresponde a unas notas escritas tras la visita, estos son mis comentarios personales, ilustrados con algunas imágenes de ambas villas a las que sin duda recomiendo visitar.

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En primer lugar me acerqué en las proximidades de Olmedo (Valladolid) al Museo de las Villas Romanas Almenara de Adaja-Puras, promovido por la Diputación de Valladolid. La visita incluye tres espacios diferenciados, dos cubos cerrados con un cubrimiento externo de madera en el caso de la villa original. El primero de ellos, un museo que pretende dar una visión completa de la vida rústica romana, objetivo tal vez demasiado pretencioso, obligado a incluir una temática tan extensa en la que se subrayan más los temas objeto de presentación, ilustrados con copias reproducidas e ilustradas, que la contemplación de determinadas piezas o recursos capaces de contextualizar e interpretar algunas ideas o contenidos centrales a transmitir. El segundo espacio visitable y verdadero eje de la propuesta es la Villa Romana de Almenara-Puras, que se recorre a través de una pasarela elevada que discurre por las 30 estancias que en su día tuvo esta casa levantada en el siglo IV. Algunos dioramas o ambientaciones contribuyen a informar con suficiencia, más que a interpretar, acerca de lo que fuera la villa. Finalmente, el turista tiene la oportunidad de acceder a la recreación de una “lujosa residencia de una villa bajoimperial” de los siglos IV-V d.C. Es aquí donde la interpretación hace aguas a mi entender, pues la maqueta no consigue un rigor más allá de la distribución espacial, puesto que las réplicas de mobiliario en madera o mimbre son más que deficientes, la pintura metálica sobre las paredes desluce lejos de imitar los frescos originales, la torpe e insuficiente simulación en las zonas de baño o en la cocina, amen de la falta de vida general que se trasluce de esta villa, no hacen sino resaltar su artificialidad y la falta de consecución  de los objetivos perseguidos.

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En primer lugar me acerqué en las proximidades de Olmedo (Valladolid) al Museo de las Villas Romanas Almenara de Adaja-Puras, promovido por la Diputación de Valladolid. La visita incluye tres espacios diferenciados, dos cubos cerrados con un cubrimiento externo de madera en el caso de la villa original. El primero de ellos, un museo que pretende dar una visión completa de la vida rústica romana, objetivo tal vez demasiado pretencioso, obligado a incluir una temática tan extensa en la que se subrayan más los temas objeto de presentación, ilustrados con copias reproducidas e ilustradas, que la contemplación de determinadas piezas o recursos capaces de contextualizar e interpretar algunas ideas o contenidos centrales a transmitir. El segundo espacio visitable y verdadero eje de la propuesta es la Villa Romana de Almenara-Puras, que se recorre a través de una pasarela elevada que discurre por las 30 estancias que en su día tuvo esta casa levantada en el siglo IV. Algunos dioramas o ambientaciones contribuyen a informar con suficiencia, más que a interpretar, acerca de lo que fuera la villa. Finalmente, el turista tiene la oportunidad de acceder a la recreación de una “lujosa residencia de una villa bajoimperial” de los siglos IV-V d.C. Es aquí donde la interpretación hace aguas a mi entender, pues la maqueta no consigue un rigor más allá de la distribución espacial, puesto que las réplicas de mobiliario en madera o mimbre son más que deficientes, la pintura metálica sobre las paredes desluce lejos de imitar los frescos originales, la torpe e insuficiente simulación en las zonas de baño o en la cocina, amen de la falta de vida general que se trasluce de esta villa, no hacen sino resaltar su artificialidad y la falta de consecución  de los objetivos perseguidos.

VRO

En el valle palentino del Saldaña, la Villa Romana de la Olmeda ha sido objeto a lo largo de los cuatro últimos años de importantes trabajos de adecuación en el marco de  un proyecto cultural y turístico donde se han invertido cerca de diez millones de euros y cuyos resultados se han mostrado al público tras su apertura la pasada primavera. Más de sesenta mil visitantes la han convertido de inmediato en el principal polo de atracción turística de Palencia y la Diputación de esa provincia se apresta feliz a duplicar el número de plazas del aparcamiento. Por cierto, que la localización del parking de vehículos es a entender de quien escribe uno de los peores logros del proyecto ejecutado, pues justo sitúa como una mancha a los vehículos estacionados delante mismo de la hermosa panorámica del conjunto del yacimiento ahora cubierto.

El cerramiento exterior del recinto a base de una espectacular estructura de acero corten y una cubierta de más de ocho mil m² a base de rombos de hierro, resulta de una belleza monumental que se contagia con igual carácter al interior del espacio. Si por fuera la forma se asemeja a cualquiera de las olmedas vecinas, y el color del acero se mimetiza del tostado rastrojo que yace en el suelo del valle, en su interior es capaz de dar lugar a un ambiente que eleva sin más ayuda que unos arcos de ladrillo y unas ligeras mallas de acero, la atmósfera construida de lo que debió ser en el siglo IV, la villa de la Olmeda. Este ejercicio interior de diáfana estructura se recorre por unas pasarelas tan ligeramente distribuidas a lo largo de las numerosas estancias de la villa, como los elementos de información e interpretación complementarias, situados con igual sutilidad y eficacia. La instalación didáctica y musealización es acorde con el espacio creado por el magnífico proyecto de Pedrosa y Paredes, sin interferir en el recorrido ni en la diáfana percepción que le distingue. Soportada en la narración que ofrece el viejo mayordomo de la casa, la información se presenta en base a cuatro estaciones localizadas en las zonas principales en torno a las que se forma la vivienda. Cada una de ellas está dotada de dos artefactos con programas audiovisuales de uso individual o colectivo, conteniendo un menú interactivo que permite una mayor o menos profundización en los contenidos. Sobre las pasarelas se hallan igualmente cuatro puntos de información que recrean en 3D las distintas estancias de la casa, así como catorce atriles informativos con distintos dibujos grabados en relieve. Una gran maqueta de la villa y una sala de audiovisuales cierran la visita, antes de dar paso a una sencilla zona de cafetería –servicio a mejorar- y tienda. Un lugar sin duda que marca un hito en la valorización cultural y turística de los yacimientos arqueológicos de época romana en nuestro país.

A mejorar en ambas Villas: señalización de acceso, comunicación en el caso del MVR, en especial el sitio web realmente deficiente. 

 PARA LEER:

 Proyecto de Pedrosa y Paredes en la VRO: http://www.detail.de/artikel_museo-paredes-pedrosa_24209_Es.htm

Revista PATRIMONIO, artículos VRO:  http://www.fundacionpatrimoniocyl.es/textosARQ.asp?id=485

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PATRIMONIO ALBAYZIN

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Un barrio situado en alto con su población separada de la trama urbana de Granada. Esa es una de las definiciones del Albayzín, testigo de emociones y desaires por igual, tan querido como denostado, lugar vivo, muy vivo, es una isla de vitalidad en el universo gris de las cuadriculadas y homogéneas ciudades globalizadas.

La gente de Granada vive a espaldas del mismo por más que esté bendecido por la distinción que le presenta como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Objeto de deseo para turistas y extranjeros rezagados, en una ciudad nombrada por románticos y hippies a partes iguales que lo hacen familias liberalmente conservadoras. Distinguido con iglesias, luego abandonadas, en algún caso también quemadas y por el afán recurrente de las idas y venidas de las afrentas excluyentes de la religión. Judíos, moriscos, musulmanes, sólo estos últimos han retornado y erigido mezquitas en la que alguna vez fuera su casa.

Mesones embutidos a las plazas, aljibes exhibiendo un pasado venido a menos de una acequia seca, flashes nocturnos, olor a marihuana y sempiternos palacios árabes iluminados en la noche. Voces flamencas en el Generalife para las veladas de los viajeros. Carmenes exuberantes, casas abandonadas o tal vez okupadas, perros y gatos meando libres bajo la luna llena de agosto.

Tiendas alineadas al curso de la calle del Agua del Albayzín, en una de cuyas casas una guía comenta al grupo de turistas: Los de la UNESCO no dejan hacer nada en el Albayzín. Miren esta casa árabe. Se le estropeó  la cerradura y no dejaron al dueño ni tocarla, así que tuvo que hacer dos puertas iguales, una a cada lado, para entrar y salir de la casa.

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Una señora me explica generosa la historia de una plaza donde el ayuntamiento tiene un centro en que habitan los funcionarios de la cultura. Entramos a la panadería de la  chica de ojos caramelo, cuya mirada mejora la calidad de sus panes ya excelsos. Cerca, un caballo campaba a sus anchas la madrugada anterior, su jinete en el suelo, bien a gustito. Camino, del brazo de un amigo que oculto vaga, por estas calles de piedras enlucidas por el diario trasiego de la gente entretenida.    

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ALGO SE MUEVE EN EL TURISMO GASTRONÓMICO

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Centro do Viño Ribeira Sacra

Si miramos las novedades últimas habrá que convenir que algo se mueve en torno al turismo gastronómico. Partamos previamente con ciertas reservas relativas a la propia definición de turismo gastronómico y a los diferentes productos que bajo este concepto se están incluyendo. Añadamos la falta de conocimiento acerca de este mercado tan poco definido. De ahí que pongamos en cuarentena algunos datos, tales como las informaciones que cuantifican en un 10% a los turistas internacionales con motivación exclusivamente gastronómica. Más cerca estamos de la opinión vertida por quienes defienden que el verdadero turista gastronómico es el turista nacional.

Con este preámbulo, tres hechos hablan de este dinamismo turístico gastronómico:

1)      ciudades unidas en un club de destinos gastronómicos donde participan San Sebastián, Gijón o Lanzarote.

2)      un plan regional de competitividad para el turismo gastronómico asturiano liderado por el gobierno regional.

3)      una red de comarcas gastronómicas con origen, que reúne a más de una docena de grupos de desarrollo rural en un proyecto de cooperación coordinado por la Asociación para el Desarrollo del Guadajoz y campiña Este de Córdoba, denominado GASTROTOUR.

Posiblemente todos estos intentos pueden ser complementarios en un posicionamiento nacional del turismo gastronómico en el que sin duda han de incluirse otras iniciativas en desarrollo más o menos reciente. Pero por ser la parte hacia la que estoy más sensibilizado y por tanto cercano he de postular mi acercamiento con aquellas propuestas que nacen y fomentan el producto desde el origen. No sólo por estrategia sino porque será difícil plasmar de manera coherente en la gastronomía diaria referentes como la “Dieta mediterránea”, si los productos básicos que la sustentan pierden pujanza y son víctimas de la erosión que desde distintos puntos se está denunciando.

La moda no sólo se circunscribe a nuestro país sino que se extiende igual por otros lares como el continente sudamericano: Sirvan de muestra las rutas montadas sobre el tequila en México o la yerba mate en Argentina por no hablar del boom gastronómico peruano.

Mientras mejoramos en conocimiento acerca de hasta qué punto la gastronomía determina el viaje, la buena presencia online de las ofertas gastronómicas no deja de enriquecerse con alguna nueva Guía de restaurantes, si bien es evidente que por el mayor impulso tecnológico de las propias empresas, siga resultando más fácil realizar la reserva online en alguno de los restaurantes de Barcelona que en los municipios rurales del proyecto GASTROTOUR. Aquí queda mucho por avanzar.

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SOUVENIR DE VIAJE

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Barcelona, tan dada a poner sentido a cuanto se cuece en ella, no pierde oportunidad de abrir nuevos espacios a la reflexión/oportunidad socioeconómica con la que enriquece el omnipresente turismo urbano, ofreciéndole metáforas acerca de si mismo, en clave ética y estética. Así, la reciente exposición que se ha abierto en el DHUB, continuación de otras previas dirigidas siempre a retener la mirada turística, se acerca al tema de los souvenirs como objeto de culto, productivo, fetichista, recuerdo o clave de poder con el que nos afirmamos como viajeros.

Por los mismos días, otra destacada escuela de la antropología turística, la canaria, abre una exposición con igual temática, dispersa en dos sedes, en Tenerife y Lanzarote. La imagen que abre el post corresponde a un salvamantel que se entrega en la exposición y nos remiten desde la Fundación César Manrique.

Parece que desde antes de la historia el ser humano ha abusado de esta práctica de coleccionismo nómada. Objeto reduccionista de la realidad, icónico, fetichista, melancólico, irónico, creativo… Sean piedras, huesos de animal o plantas secas hasta los objetos más impensados, pasando por la mercadería en serie, parece que llevamos dentro un corrosivo mecanismo que nos impide volver con la maleta o los bolsillos vacíos. No muy lejanos del hacer de los pájaros o el viento cuando mueven semillas de un lado a otro.

Estuve la semana pasada en la exposición del Disseny Hub de Barcelona, un enclave turístico más, situado a pocos metros de la buscada Catedral del Mar y vecino del Museo Picasso. Dejo a continuación una cita tomada del texto de presentación de la exposición, alguna imagen que tomé y unas referencias para los amantes de la lectura y los archivos:

En la parafernalia del consumo turístico, el souvenir representa la encarnación del gasto inútil. Como principal resorte simbólico del turismo, este pequeño recuerdo, producido en masa, no puede ocultar su banalidad, pero contribuye a hacer tangibles las experiencias intangibles del viaje”, Fernando Estévez

Por cierto, muy bello el documental collage que firma Andrés Hispano, ensamblando nostálgicos fragmentos de la itinerancia del viajero, para concluir que como señala el dicho, el pasado es un país extranjero.     

 –          Las dimensiones del souvenir

–          Trofei di viaggio. Per un’antropologia dei souvenir (reseña) de Duccio Canestrini

–          Recuerdos de Benidorm desde las salas de un museo

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MADRID EN AGOSTO

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Pasado el sofoco de las presentaciones galácticas de don Florentino, hay oportunidades mejores para el atrevido turista urbano que se decida a internarse tierra adentro rumbo a Madrid, listo para disfrutar de una estancia veraniega fuera de los mayoritarios destinos estivales. Este nuevo turista urbano, menos dependiente de los avatares del clima y más ligado a sus propios gustos,  horarios y conveniencias, se preocupa más por los ambientes donde pasar el tiempo libre, jugosa expresión que no termina de aclarar si se trata verdaderamente de un uso libertario del tiempo o aun así, siendo pretendidamente tiempo liberado, se convierte en horario sujeto a otros dictados del consumo.

En todo caso, ganan peso las experiencias vividas en museos, monumentos, centros de ocio y cultura, comercios, restaurantes, y claro está, hoteles. Resulta fácil hallar buenas oportunidades a la hora de contratar hotel en Madrid, a la par que disfrutar de la sugerente propuesta de los ya clásicos Veranos de la Villa que ya van por la XXIV edición, en tanto que se visitan algunas de las colecciones de arte y exposiciones que no suelen faltar en la ciudad. Además de las últimas reformas en los grandes museos como El Prado o Reina Sofía, donde hasta el 31 de agosto estará abierta la exposición antológica de Juan Muñoz.

La generosa oferta de hoteles en Madrid invita a acercarse a alguna de las ciudades próximas donde conforme a esta tendencia de reclamo turístico urbano, no dejan de sucederse iniciativas culturales como la que protagoniza en estos días Segovia, bajo el título de OxigenArte en forma de reclamo para consolidar su candidatura a la capitalidad europea de la cultura 2016, muy similar por otra parte a la reciente actividad lanzada desde otra de las candidatas, Córdoba, con un programa basado en la comunión de los cuatro elementos con diferentes espacios urbanos.

CORDOBA 2016

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