PATRIMONIO ALBAYZIN

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Un barrio situado en alto con su población separada de la trama urbana de Granada. Esa es una de las definiciones del Albayzín, testigo de emociones y desaires por igual, tan querido como denostado, lugar vivo, muy vivo, es una isla de vitalidad en el universo gris de las cuadriculadas y homogéneas ciudades globalizadas.

La gente de Granada vive a espaldas del mismo por más que esté bendecido por la distinción que le presenta como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Objeto de deseo para turistas y extranjeros rezagados, en una ciudad nombrada por románticos y hippies a partes iguales que lo hacen familias liberalmente conservadoras. Distinguido con iglesias, luego abandonadas, en algún caso también quemadas y por el afán recurrente de las idas y venidas de las afrentas excluyentes de la religión. Judíos, moriscos, musulmanes, sólo estos últimos han retornado y erigido mezquitas en la que alguna vez fuera su casa.

Mesones embutidos a las plazas, aljibes exhibiendo un pasado venido a menos de una acequia seca, flashes nocturnos, olor a marihuana y sempiternos palacios árabes iluminados en la noche. Voces flamencas en el Generalife para las veladas de los viajeros. Carmenes exuberantes, casas abandonadas o tal vez okupadas, perros y gatos meando libres bajo la luna llena de agosto.

Tiendas alineadas al curso de la calle del Agua del Albayzín, en una de cuyas casas una guía comenta al grupo de turistas: Los de la UNESCO no dejan hacer nada en el Albayzín. Miren esta casa árabe. Se le estropeó  la cerradura y no dejaron al dueño ni tocarla, así que tuvo que hacer dos puertas iguales, una a cada lado, para entrar y salir de la casa.

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Una señora me explica generosa la historia de una plaza donde el ayuntamiento tiene un centro en que habitan los funcionarios de la cultura. Entramos a la panadería de la  chica de ojos caramelo, cuya mirada mejora la calidad de sus panes ya excelsos. Cerca, un caballo campaba a sus anchas la madrugada anterior, su jinete en el suelo, bien a gustito. Camino, del brazo de un amigo que oculto vaga, por estas calles de piedras enlucidas por el diario trasiego de la gente entretenida.    

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Archivado bajo Patrimonio Cultural, Turismo Urbano

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