Archivo mensual: abril 2010

DESIERTOS O LAS PROFUNDAS CAVERNAS DEL SENTIDO

Este año pasé de nuevo mi primaveral reválida poética en el Cosmopoética cordobés. Fui a la apertura oficial con el indigente Houellebeq, quien consumiendo breve tiempo, espesó el aire con su densa carga emocional de albas imposibles vencidas por sombrías noches eternas. Sensualidad de voz, lúcida memoria, plataforma de inquietudes y sucias travesías.

La noche se alegró con la simpatía de la cordobesa Rosario Villajos, sensible y abanderada de letras poéticas como Adelfos, el himno del menos afamado de los Machado, Manuel, verdaderamente desposeído también, en su declaración de membresía de la raza mora, vieja amiga del sol… Germán Coppini terció sublime de interpretación y sensibilidad a los abuelos de cualquier guerra perdida, sea la de contar cuentos o la ideólogica-republicana.

No cambió el aire en la ceremonia de clausura donde cierta melancólica decadencia apenas se elevó con la oralidad como siempre, venida de la voz en árabe, en esta ocasión del libanés Abbas Beydoun, y el golpeo directo de un Robert Hass cinematográfico, plagado de estampas humanas como buen descriptor de historias y paisajes del sur caliente de los Estados Unidos. Allí al lado estaba Enrique Morente, aclamado en su versión de la más pobre de las coplas, las Nanas de la Cebolla de Miguel Hernández.

Así pues, mirando adentro, elegí para recordar esta Cosmopoética 2010 una pieza perdida entre el abultado programa oficial. Apenas el título y lugar, del que dejo constancia y una recomendación. Si están por Córdoba, tienen una última oportunidad hasta el día 31 de mayo, para no dejar atrás su viaje interior, al desierto de los desiertos, allí en lo alto de la desheredad:

Exposición “Desiertos o las profundas cavernas del sentido”. Pintura e instalaciones inspiradas en la poesía de San Juan de la Cruz. José Márquez Montero. Ermitas de Córdoba hasta el 31 de mayo, de 10 a 13.30 y de 16.30 a 21 horas. 

 

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ENLAZADOR DE MUNDOS, de Nicolás Meta (III)

PURMAMARCA, TIERRA COLORIDA

            Purmamarca es un pueblito fundado por cinco familias. Se conforma por unas pocas manzanas, de calles de tierra y casas de adobe; casi sobre la comarca, como si fuera a comérsela,  se levanta El cerro de los siete colores, en el que resplandecen, como pinceladas, el verde, el marrón, el blanco, el amarillo, el rojo, el azul, el gris.

            Al principio creíamos haber elegido el camping equivocado, por estar a quince cuadras de la plaza principal, subiendo por la montaña; pero la humildad y bondad de sus dueños nos hicieron cambiar de parecer.

            Doña Eva, don García y su hijo José nos introdujeron en las raíces de este lugar.

            _ Aquí nació mi tatarabuelo -nos dijo doña Eva-. Él en 1820 compró parte de los cerros que están sobre nosotros. Tenemos fotocopias de aquel título, pero se hace difícil la subdivisión, porque hay cientos de herederos: casi todas las familias originarias de Purmamarca tenemos alguna relación de parentesco.

            _ Si el turismo sigue creciendo como hasta ahora, con su parte del cerro su tataranieto se va a hacer millonario –ironicé, mientras de fondo se escuchaba el griterío de las gallinas del corral.

            _ Ojalá le alcance a mi tataranieto con lo que tenemos ahora –respondió seria-. Hasta hace veinte años vivía en otro lado; pero me enfermé: sufro de asma y estuve dos veces en terapia intensiva. El médico me recomendó que me mudara a un lugar en lo posible seco y tranquilo. Aquí vine.

Miró con ojos cálidos a su marido por entre las gafas.

            _ Cuando llegamos no había luz, agua, nada; esto era sólo piedras -dijo don García-. Me quería ir, no entendía qué hacía acá. Y ahora sólo espero poder quedarme hasta la muerte. Todo se dio de a poco: en un comienzo cargábamos el agua desde el pueblo y usábamos velas; luego conseguimos las instalaciones; y con mucho esfuerzo agrandamos la casa, emparejamos el terreno e hicimos una huertita donde cultivamos cebollas, manzanas y papa.

            _ Ellos tienen setenta años -apostilló José; su voz fue interceptada por el ronroneo de unos gatitos recién nacidos-. Mi papá aún se despierta a las seis de la mañana para mantener la huerta, cargar las cosechas y cortar leña con el hacha.

            _ Lo hago con mucho placer –asintió el padre-. Cuando uno hace las cosas empezando de cero, el sabor del trabajo es muy dulce. Veo todo esto y me enorgullezco del esfuerzo hecho.

            _ Purmamarca, de ser un pueblo desierto, pasó a ser turístico -retomó José-: llega mucha gente de todo el mundo. Hace quince años, hospedaba gratis a cualquier mochilero que lo quisiera. Una vez, ese mochilero fue Piti, el famoso cantante. Él, otros tres viajeros y nueve lugareños, nos juntábamos en la plaza a tocar y cantar. No había nadie más. Ahora la plaza es un mundo.

            _ ¿Te molesta?

            _ Me molesta un poco. ¿Saben por qué? Porque cambió mi forma de ser. Vivo del turismo y, como la mayoría de los lugareños, me volví sediento por el dinero. Cambiaron nuestros valores; por suerte mis padres aún se mantienen al margen.

            Miré a José -su ropa de campo, su sombrero gigante-, observé la casa en la que vive, de paredes de barro y techo por el que se filtra agua, y pensé que si se cree sediento por el dinero, es porque no conoce Capital Federal.

            _ ¿Tilcara y Humahuaca también son turísticos? -preguntamos para obtener algo de información de nuestros próximos destinos.

            _ Para que entiendan de qué hablo: haber denominado Patrimonio de la Humanidad a la Quebrada de Humahuaca fue una pésima decisión. Ese lugar de naturaleza maravillosa se plagó de mega hoteles. Hay que tener cuidado con el turismo, no sea cosa que quite la pureza.

            Don García y doña Eva estuvieron de acuerdo.

            Más tarde nos señalaron en el mapa lugares preciosos aún no explotados.

            _ Van a ser mejor recibidos en zonas donde no haya tantas visitas -afirmó José.

            Tras ver la simpleza de esta gente, tuve sensaciones contradictorias: me llenaba de alegría al comprobar lo fácil que puede ser la existencia; pero me decepcionaba el nivel de vida mucho más alto que todavía demando. Creo que ante una perspectiva de necesidades o lujos muy altos, mayor el nivel de gastos, más apego a lo material y la consecuencia inevitable: más preocupación, más estrés, más infelicidad. A don García y su mujer, en cambio, les alcanza con lo mínimo indispensable, y es eso precisamente lo que les permite disfrutar y vivir en paz.

            Se nos presentó un muchacho que está viviendo en el camping. Una de las características de los sitios del Norte que visitamos es que todos saludan a todos: aquí, contrario a Buenos Aires, no existe la indiferencia; cuando nos cruzamos con alguien en la calle, nunca faltan un hola y un buen día, por lo general acompañados de una sonrisa.

            _ Trabajo hace seis meses en un bar del pueblo como mozo -nos contó-. Estoy muy contento acá.  -Dedicó unos segundos a respirar aire puro-. Hace tres años estaba en Malos Aires, en San Telmo. Tenía un estudio de música. Un día me miré al espejo: estaba blanco, mi sangre azul. Llamé a un conocido que me quería comprar el lugar y esa misma tarde se lo vendí y me fui. Estuve cuatro meses en El Bolsón, en el Sur. Cuando volvía para Malos Aires, mi mente me decía: “¿Qué estás haciendo? ¿Qué querés hacer allí?”. A dos estaciones de llegar, cuando el tren ya había tocado la bocina y estaba avanzando, tomé mi mochila y salté del  vagón. Fue la mejor decisión de mi vida.

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BANALIDAD DEL MAL Y TURISMO

 Foto de Uly Martín – EL PAIS

Varias veces había escrito desde este blog, o tal vez se tratase de un anuncio más de esos encubiertos que tanto abundan en el contagioso afán multiplicativo de la red, acerca del turismo oscuro, del horror, siniestro, escabroso o como quiera que se traduzca lo que, una vez más la lengua inglesa lo ha bautizado, se conoce como tourism dark. El eco mediático, ficticiamente inocente de los que trabajamos sin salario en la red, al servicio del Gran Hermano, reverberaba la apertura de campos de concentración, fosas mortuorias, campos de batalla y otros lugares del oscuro pasado, ofertados al mercado por la industria de las industrias, aquella que sin límites todo lo toca, tematiza, interpreta y banaliza.

Días atrás Jorge Semprún volvía a  Buchenwald y su discurso traía a nuestra conciencia el compromiso  de guardar  respeto sobre los lugares de la memoria -de cuyo silencio y ocultación bien desgraciadamente sabemos en nuestro país si no se trata del visitado Valle de los Caídos-, vividos como lugares de vigilia civil donde aprender, escuchar, conciliar, reflexionar y construir.

Tareas ajenas a la práctica del turismo como nos recuerda, en un lúcido artículo publicado en EL PAIS, la escritora Monika Zgustova,  donde alude a la trivialización de los lugares del mal, convertidos en mercado de abastos de la industria turística. Una razonable ética de quienes trabajan en ese sector debiera llevarles a alejarse por una vez de su encomiable labor disneyficadora y dejar estos lugares para el libre acceso de ciudadanos, residentes o viajeros, simples ciudadanos despiertos. Un asunto demasiado serio para hacer dinero fácil, rehabilitador del mal.

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ENLAZADOR DE MUNDOS, de Nicolás Meta (II)

  Foto FLICKR

MIRAR MÁS ALLÁ DE LA RUEDA

             Hace algunas semanas, terminé de leer un libro emocionante, que me inspiró y me llenó de confianza: “Atrapa tu sueño”, de Herman y Candelaria Zapp. Ellos viajaron desde Buenos Aires hasta Alaska en un coche de 1929. Y son ellos los que me dieron la idea de escribir esta historia de viaje. Le comentaba esto a Claudio mientras trabajábamos en la inmobiliaria. Él es un hombre mayor, erudito, conocedor de lo que se le pregunte. Me habló de negocios, economía, crisis mundial, pero también de la vida misma.

            Le pedí que me aconsejara.

            _ Nicolás –me dijo–: yo soy un hombre viejo que dejó pasar su vida. Trabajé cuarenta años para una empresa, pensando en asegurar mi futuro. Ellos no me pasaron la jubilación. Y ahora vivo en una pensión, apenas con dinero para medicamentos. Siguiendo la educación que me dio mi padre, un escritor, un intelectual, a mi hijo le enseñé a pensar, le di muchísimos libros. Él ahora vive en el exterior. Es profesor. Ni siquiera me llama. Es un hombre muy capaz, de mucha memoria, pero no se acuerda de su padre. Los pensamientos no son lo único ni lo más importante. Yo olvidé mis emociones, mis sentimientos. Usted no lo haga. Nicolás -siguió tras una pausa-, está a punto de emprender un viaje maravilloso. Va a visitar lugares que ni se imagina. Cuando esté allá, no se preocupe por sacar la camarita y tomar una foto como todos hacen. Quédese quieto, sienta el lugar. Que el lugar lo penetre; y usted penétrelo. Vívalo con su mente y con su espíritu. No olvide su espíritu. Active todos sus sentidos. No solamente vea: también escuche, toque, olfatee, huela y sienta.

            Lo escuchaba con admiración. Hasta ese momento, había hablado con él de cuestiones exclusivas al trabajo. Continuó:

            _ Hace unos años, salió en la tele un hombre que había viajado en bici desde Estados Unidos hasta la Patagonia. Allí lo entrevistaron. El periodista le sugirió los hermosos paisajes que habría visto en el camino. Pero  él negó. ¿Y sabe qué dijo, Nicolás? ¡Que al conducir miraba la rueda de la bici! Ese hombre no vio nada. Tenía el objetivo de llegar. Lo cumplió; pero no disfrutó el camino. Que no le pase lo mismo. Deje los objetivos a un lado. Cada lugar es único e irrepetible; y su gente es única e irrepetible. Forme parte de cada sitio.

            _ ¿Piensa en la muerte, Claudio? -le pregunté con atrevimiento.

            _ Pienso. A todos nos llega, es irremediable. Y le temo como todos. Tiene el lujo de ser joven. Aproveche. No se quede en lo seguro y lo cómodo. Conozca. Enfréntese a lo desconocido. No llegue a viejo y diga: ¿En qué desperdicié mi vida?

            Decididamente, en mi viaje no quiero mirar la rueda.

             En taller literario, interpretamos el cuento “El Inmortal”, de Borges. El texto hace una parodia de la eternidad. El Inmortal ha pensado de todas las formas posibles, ha experimentado cada variable: no necesita elegir, porque, tarde o temprano, atraviesa todos los caminos existentes. La inmortalidad desprecia la individualidad: hace a todos iguales. Como mortales que somos, tenemos que tomar decisiones, que traen consecuencias inmensas. La muerte nos ayuda a darnos cuenta de que somos únicos, de que la vida es sagrada y es marcada por nuestras acciones.

            Estoy dispuesto a asumir riesgos. La muerte está allí diciéndome: “Vive todo lo que puedas. Porque después yo te atraparé y ya no serás nada”. 

 Marcel Duchamp, foto FLICKR

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ENLAZADOR DE MUNDOS, de Nicolás Meta (I)

Recostado en la prolongada siesta donde dormita OLEOPOLIS, recibí días atrás este email de Nicolás Meta.

Acabo de regresar a Buenos Aires después de más de un año de ausencia. Tenía relegado un sueño, que me decidí a cumplir: viajar por tierra de Argentina a México y cruzar a Cuba. Cuando me quedé sin recursos, edité en el camino cientos de libros sobre la experiencia del viaje, que fui vendiendo en Ferias Internacionales del Libro a las que fui invitado. La idea de la obra, Enlazador de Mundos, es mostrar un abanico de posibilidades distintas a la lógica occidental y de ciudad con que crecemos, incentivar nuestros más profundos deseos y la iniciativa para ir tras ellos.

En abril estaré participando en la Feria de Buenos Aires, y el 4 de mayo presentaré el libro en el Centro Cultural San Martín, que me cedió un auditorio.

Pensé que podría llegar a ser de tu interés conocer un poco más sobre el viaje y el libro. Te adjunto la gacetilla de prensa. Si tenés ganas, te puedo enviar algunos capítulos.

A partir de aquí, Nicolás, el sitio es tuyo y de tu mano insertamos sucesivas andanzas de tu paseo latinoamericano, que por cierto despedimos con una canción. Espero que lo disfruten.  

PRESENTACIÓN

Empiezo a escribir la historia de mi viaje. Hoy es jueves 4 de diciembre de 2008. El próximo 18 comienza la aventura. Junto a dos amigos de siempre, Nano y Alan, iremos en micro a Tucumán. La idea es seguir por el Norte de Argentina: Salta y Jujuy, entrar en Bolivia, luego en Perú, cruzar el Amazonas, bordear la franja Norte de Sudamérica y pasar a Centroamérica. Me decidí a viajar sin fecha de retorno; mi sueño es llegar a Cuba. Distinto es el caso de mis amigos, que viajan con tiempo límite.

            Las semanas previas a la salida no son fáciles. Uno puede creer que es todo preparativos y diversión; aunque eso es sólo una parte; la otra parte son nervios y tensión, mucha tensión. Había logrado mantenerme tranquilo hasta que Alan me sugirió hacer una consulta con una infectóloga, para conocer qué precauciones tomar antes y durante el viaje. Me encontré con un panorama sombrío: vacuna de la fiebre amarilla, vacuna tifoidea, vacuna antirrábica, refuerzo de vacuna doble adultos, pastillas para la malaria que deberían tomarse casi en todos lados, pastillas para la diarrea de dos tipos, remedios para el dolor de cabeza específicos para lugares de altura, cuidados excesivos con el agua: usar lavandina, pastillas purificadoras, no bañarse en lagos o lagunas… En fin, las indicaciones fueron equivalentes a más de una hora de monólogo de la doctora.

Me queda presentar un trabajo práctico para la facultad y rendir el final de una materia. No creo que pueda estudiar, aunque sé que voy a aprobar. No tengo problemas en mi Carrera; la Universidad es un ámbito en el que me desenvuelvo bastante bien. Por eso mis abuelos no logran comprender por qué me voy. Creen que estoy desperdiciando mi vida, que si no me cuesta nada tengo que graduarme, luego ser gerente o dueño de una gran empresa, hacer mucho dinero y lograr “ser alguien” en la vida. Dicen que tengo que pensar en mi futuro, que tengo que formarme y prepararme, que no puedo vivir sin dinero; y qué pasaría si me enfermara, o cómo haría para mantener una familia. Piensan que estoy loco. Su nieto, su orgullo, la carta de presentación a sus amigos y amigas, se descarriló. ¿Qué les van a decir ahora? ¿Que ya no apunta más a presidente sino a indigente, o vago, o bohemio, o lo que fuere?

            Pero yo no soy tan extremista (aunque en muchísimos aspectos sin dudas lo soy). De momento sólo sé que quiero viajar. No sé hasta cuándo, desconozco lo que pueda pasar; confío, aunque resulte utópico, romántico o quizá idiota, en seguir a mi corazón. Es él quien me pide a gritos libertad.

            ¿Si busco una familia, hijos? No sé. ¿Una casa linda, un trabajo asentado? No creo. Hoy, a mis veintidós años, puedo decir que no respeto para nada los supuestos valores de la sociedad occidental. No es que sea un rebelde (de seguro lo sea a ojos de muchos); sólo quiero ser feliz. Y no creo que felicidad sea trabajar ocho horas por día, volver cansado del trabajo a casa, juntar mucho dinero para tomarme quince días de vacaciones al año. Eso es correr tras la zanahoria; es pensar que la felicidad se encuentra “si”: si me gradúo, luego si tengo un buen trabajo, más tarde si me ascienden, enseguida se pasa a desear una hermosa casa, y así hasta la muerte. ¿Para qué? Aunque hasta ahora me haya costado muchísimo aplicarlo, creo que la felicidad no es una búsqueda: está aquí y ahora. Quiero viajar y viajo. Mañana Dios dirá, yo dispondré.

            Muchos piensan que estoy escapando de algo. No escapo de nada. En Buenos Aires estoy muy a gusto. Viajo porque quiero algo distinto; para sintetizar lo que vengo diciendo, lo quiero es vivir, vivir intensamente.

            No soy un tipo arriesgado o impulsivo, de esos a los que no les importa las consecuencias. Planifico, soy estructurado, controlo, me controlo, tengo muchísimos miedos y me aferro a lo que piensen de mí. Ninguna de estas cosas me gusta. Son condicionamientos que fui adquiriendo desde mi infancia. Me siento tenso, como si estuviera atado o con el freno de mano puesto. Y la mejor manera que encuentro de superarlos es alejándome de mi entorno, rompiendo la burbuja que me aprisiona.

Me encanta viajar, conocer, aprender, sorprenderme, experimentar.

            ¡La búsqueda está a punto de comenzar!

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Fideuá Sónica de Ali & Cía

Cuando John Cage –vegetariano impoluto- visitaba Madrid, era Alicia Ríos quien se encargaba de alimentarlo en su restaurante La Biotika.
Durante los últimos años Alicia ha seguido dedicada, de la mano del colectivo de arte comestible Ali&Cía, a alimentar a miles de personas con Bibliotecas, Jardines, Viveros, Sombreros, Islas y Ciudades comestibles en todo el mundo.
Sin embargo, la experiencia de nutrir a uno de los grandes oídos de la historia, vuelve al repertorio de nuestro colectivo, en  el marco del festival de Arte Sonoro Anem Anem: La Festa de l’Escolta, que tendrá lugar en Gandía del 16 al 18 de Abril de 2010
Como si se tratase de un microscopio mágico, capaz de aumentar no sólo el tamaño, sino el volumen, el aroma y todos los estímulos sensoriales, Ali&Cía amplificará  uno de los símbolos de la cultura gandiense: la Fideuá.
Por eso, este próximo  sábado 17 de abril, a mediodía en la Casa de la Marquesa, todos estarán invitados a explorar de cerca, en una macroescala, todas las posibilidades estéticas de este plato: la melodía del caldo, la percusión de la tabla de cortar, la armonía de los mariscos en cocción, el aroma de la sal y desde luego, el sabor más característico de la Ciudad de Gandia.
Este delicioso festival tiene como chefs organizadores a Llorenç Barber; uno de los pioneros del minimalismo y la música experimental en España y a Montserrat Palacios; etnomusicóloga y artista especializada en la voz. Además, como protagonistas destacados de la programación del festival, hay que subrayar la presencia de figuras clave como Alvin Curran, Hans Koch y muchos otros artistas referenciales de la escena musical contemporánea.
La escena sensorial está servida. Sólo nos queda aspirar a  que este banquete multidimensional estimule su apetito, la curiosidad y, desde luego, infinitos deseos  de repetir.

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