LECCIONES DE PAISAJE EN LAKE DISTRICT

Amanecía en Coniston, Cumbria, en la región inglesa de los Lagos. Llovía sobre mojado y The Guardian incluía con buen gusto, como diariamente hace, una columna dedicada al campo. En esa ocasión dedicada al paraíso de cascadas que por cada grieta de estas montañas, serpentean hasta acabar en los distintos lagos. Algunos de estos torrentes se dice que son una de las bellezas secretas más atractivas y mejor guardadas de Gran Bretaña.

Lo cierto es que este deslumbrante escenario de cortinas de nieve, agua, pastos y bosques, invita a fundirse con las fuerzas desatadas de la naturaleza en forma de viento, granizo, nubes, corrientes de agua, pájaros confiados… Se levanta un deseo incontenible de domesticar el agua sobre la canoa, el suelo bajo los pies, la roca fijada a los dedos.

La emoción de vivir envuelto en un movimiento que no desfallece, en medio de la soledad y el silencio donde de repente, un rayo de luz, una línea de sol ilumina tu rostro que brilla junto a las piedras del vallado permanente que cierra los campos, los muros y tejados de las casas oscuras, elevándose hacia arriba por la montaña, huyendo del suelo enmohecido.

Por allí corretean los ecos de un culto pasado, esplendor romántico sobre la yerba, cuya forma de caminar y mirar cimentaron las fundacionales ideas de la contemporánea visión del paisaje. Sentado junto a la escuela de Hawkshead donde William Wordsworth aprendiera a garabatear sus primeras letras, leo unos pasajes de su “Guide to the Lakes” publicada en 1810 y que anticipa algunos conceptos que justo 200 años después se revitalizan, en su profunda sensibilidad conservacionista, ahora que el gobierno conservador-liberal británico planea reformas sustanciales sobre la política y gestión de los Parques Nacionales.

Dentro de poco se hablará de John Ruskin, vecino ilustre de Coniston, gracias a la morbosa temática ligada a su matrimonio, finalmente llevada al cine por Emma Thompson en una película que se estrenará en 2011. Prefiero quedarme con la visita a los jardines de  Brantwood y la forma en que sus gestores ensayan de actualizar el legado del controvertido creador, crítico, ensayista, humanista en suma (ver video “How to be Rich”).

La contemporaneidad artística se exhibe en Grizedale en forma de esculturas al aire libre. La presencia desbordante de naturaleza trae a la memoria a figuras cercanas como el escocés John Muir, padre de las ideas conservacionistas que luego afloraron en la política norteamericana de conservación de espacios naturales. Por eso más que nunca es importante defender la protección de la naturaleza y el disfrute social de la misma, como un derecho común, una parte del reino que un día recibimos y cuyo legado custodiamos para las generaciones futuras. Ese profundo compromiso debería alumbrar a la algarada neoliberal que amenaza con destruir algunos siglos ya, de sensibilidad con el medio donde vivimos, de pasión por el disfrute en contacto con la naturaleza, de tomar aprendida una lección de paisaje.  

 

 

 

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Archivado bajo Turismo Rural, Turismo sostenible

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