Archivo mensual: febrero 2011

ORIGINAL Y COPIA

la maquina de copiar jamones, video de Jordi Pereiras para NOTODOFILMFESTIVAL

Estábamos días atrás discutiendo acerca de los derechos de propiedad sobre el patrimonio artístico en relación a sus reproducciones como souvenirs u objetos de regalo en espacios de lo más variopinto, no siempre relacionados con el museo o centro que los tiene en propiedad o al menos en exhibición, pero por igual qué ocurre con aquellos monumentos que son reproducidos de manera casi infinita en formatos, materiales, tipos, etc.

Es curioso como en algunos museos o exhibiciones la posibilidad de fotografiar es perseguida de manera rigurosa mientras en otros apenas hay control cuando no prohibición alguna. Algo así viví hace pocas semanas en el Museo del Prado donde los guardias de seguridad custodiaban celosos el disparador de las cámaras de los visitantes hasta que llegó la comitiva del vicepresidente chino con su corte de varias decenas de allegados y portaregalos, que se pusieron como locos a retratar y retratarse junto a las Meninas, sin que los vigilantes hicieran ademán alguno.

En estas Google saca su Art Project y nos pasea por el interior de una docena larga de museos del mundo con visión amplia y en algunos casos detallada con un preciosista zoom. Paradójico que nuestro Prado se halla retirado del proyecto antes de tiempo para salir a la luz pública.

La cuestión del original y la copia como del acceso a la cultura es más que nunca cuestión educativa y cultural por más que la ministra sindominio se hay empeñado en sacar las castañas del fuego a  la industria que representa. Algo en lo que tiene el fracaso asegurado por más que haya dejado su nombre estampado en una torpe ley. Cineastas como Jaime Rosales o filósofos como José Luis Pardo han expresado ideas en este sentido. La piratería entra en un terreno de hiperconsumismo vacío que si merece reflexión aparte más allá de los intereses industriales de una ministra que sencillamente equivocó su ministerio. Es obvio que no todo lo gratuito es bueno, ni justo, ni democrático, ni tan siquiera barato cuando conduce a la pérdida de tiempo, pero el asunto demanda una reflexión no tan partidista como la de la atribulada ministra.

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