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Del Partenón al Guggenheim, museos de ayer y mañana

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En la última semana han coincidido dos acontecimientos en torno a dos importantes museos. De un lado, se cumple el décimo aniversario del templo de titanio bilbaíno y de otro se ha iniciado el traslado de piezas –en la foto de Associated Press pueden verse- con destino al Nuevo Museo de la Acrópolis. Tuve ocasión en esos días de pasar una mañana en el British Museum contemplando, entre otras, la gran colección de piezas que allí se exhiben procedentes del Partenón. Algunas ideas al respecto:

1)     El Guggenheim de Bilbao “ha servido como catalizador del proceso de transformación urbanística, económica e incluso social de la ciudad, que era otro de los objetivos… había un concepto equivocado sobre lo que era el efecto cliché de que una ciudad con problemas tiene que buscar un arquitecto de renombre y hacer un edificio singular para resolverlos. El Guggenheim de Bilbao ha tenido un efecto transformador porque ha sido el catalizador de un proceso más amplio y coherente con él…” Juan Ignacio Vidarte, director del Museo. Más que un aviso para navegantes es un punto meridianamente claro que denuncia lo que está ocurriendo por todas partes, en torno a la arquitectura de elite y los museos en serie. Ciudades, instituciones y grandes museos se vuelven locos por reproducir el modelo. Los grandes nombres de la arquitectura unida a museos como el propio Louvre viven felices en esta fórmula más ligada al capitalismo cultural y movimientos especulativos que a iniciativas verdaderamente sustentadas de desarrollo económico como si parece haber ensayado con éxito Bilbao.

2)     El éxito de visitas –un millón al año con más del 80% de visitantes que proceden de fuera de Euskadi- y su capacidad de autofinaciación que alcanza el 75% para envidia de museos de aquí y allá, no oculta ni los varapalos que el Tribunal de Cuentas del País Vasco viene dando a su gestión, como acabar con un mapa sentimental, en palabras del escritor Pedro Ugarte, que en el caso de Bilbao constituía “una identidad  tan sólida que para garantizar su perpetuación no necesitaba ningún aparejo sentimental”. Más allá de una queja ñoña el comentario esconde el temor no sólo al alma de la ciudad, si no a todos esos lugares y geografías, espacios monumentales o populares que pueden sucumbir víctimas del gran enclave monumental, construyendo una identidad ficticia en base a los catálogos turísticos.

3)     En el British Museum distribuyen un folleto bajo el título “THE PARTHENON SCULTURES in the British Museum, Athens and other public collections”, donde relatan con profusión el estado ruinoso en que había quedado el templo del Partenón tras el asedio y explosión del polvorín que contenía en 1687 y e acuerdo posterior entre arqueólogos de que las esculturas que sobrevivieron nunca podrían ser ligadas de nuevo a aquella escultura. Fue entonces cuando el embajador británico, Lord Elgin, ante el Imperio Otomano condujo casi la mitad de las esculturas y con permiso del gobierno otomano y las condujo a Inglaterra entre 1801 y 1805, siendo finalmente adquiridas por el British Museum en 1816 y exhibidas al público desde entonces de manera gratuita. Otras piezas del Partenón fueron a parar al Louvre, Museo vaticano y otro museos (nueve en total), de ocho países diferentes, quedando parte de las piezas finalmente en el Museo de la Acrópolis. Dado que el gobierno griego ha reclamado sucesivamente la propiedad de las piezas, y de manera reciente con la próxima apertura del nuevo museo de la Acrópolis, solicitando una cesión permanente al British, éste argumenta sus derechos legales y la oportunidad de seguir mostrando al mundo  la grandeza de la civilización griega, unida a otras civilizaciones, desde lugares  contextos diferentes. Unas y otras opiniones están expuestas en la web del ministerio de cultura helénico www.culture.gr y del British Museum www.thebritishmuseum.ac.uk Sin duda que se trata de un asunto complejo que puede interpretarse desde el punto de vista de un expolio cultural y por tanto debería ser devuelto a su origen, al que se une la labor de conservación y educación que en estos dos siglos ha hecho el Museo respecto a la civilización griega. Pero ¿ha sido ésta la más adecuada? ¿Es éste el actual criterio respecto a la conservación del patrimonio, su salvaguarda y valorización? ¿Podrá el British hacerlo circular en hipotéticas sedes que abriera en otros países? ¿O más simplemente nos dejamos de monsergas y que descansen en paz en su lugar de origen?  

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