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VOCES DEL SILENCIO (II). SOBRE LOS ANGELES

Ahora que vuelve el frío, la lluvia, la nieve. Cuando la naturaleza gobierna aunque sea un minuto, tal vez alguien vuelva la vista al campo. Para estos amantes de la cultura rural, sin más juicio, rescatamos estos viejos escritos colectivos: “Voces del Silencio”

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Me llamo Antonio Cañizares, y tengo 66 años. Vivo en Iznájar, en la misma casa donde nací. La casa es antigua y acogedora, me gusta vivir en ella. ¡No la suelto hasta que me muera !

                        Así es Antonio Cañizares, vital como su sonrisa, con la misma gracia que los angelillos entre los que se ha criado. Por su poca estatura pudiera ser un duende, y algo de magia encierra, porque es eso lo que rebosan sus simpáticas virgenes, sus redondos san antonios y toda la imaginería religiosa que se encarga de interpretar con el barro. Ha sido enterrador y sacristán, entre otros sabios oficios, y del aprendizaje restante, de aquello que le ha hecho famoso, de sus figurillas de barro, dejemos que sea él quien lo cuente:

                        Mi abuela era de Algarinejo, le decían Perla porque era muy bonita. De ella somos todos Perlos. Vino a Iznájar y se casó con mi abuelo. Trabajé el barro de ver a  mi abuela. Ella hacía anafres grandes para venderlos. Resulta que mi abuelo había estado en una guerra por ahi, y trajo y le dijo a mi abuela: ” Mira María, esto hacen por ahí “. Y le enseñó. Y como ella mi hermana. También tenía un tío que estaba en los tejares de aquí. Siendo niño empecé haciendo muñequillos para entretenerme. Ahora soy mayor y sigue la cosa igual.

                        Antes los barreros del pueblo traían el barro de donde está el pantano, en lo jondo, donde hay un barro estupendo. Ahora me lo traen de La Rambla.

                        Las noches de invierno que son tan largas, me siento aquí y me entretengo. He hecho belenes, mujeres lavando con un niño en brazos, pastores, de tó. Pero siempre como lo que he visto han sido santos, pues santos es lo que hacía. Yo no había visto antes esto, lo hacía sin darme cuenta. Santos como San Antonio, San Rafael, San José, santos sencillos, santos más raros…

                        Lo que más hago es la Virgen de la Piedad, la patrona de Iznájar. Le hago el cuerpo hueco, el manto pujao, la cabecita puesta, después lleva un niño aquí chiquitillo…

Después secarla, cocerla en el horno, lijarla, un barniz, la pintura…

                        De niño no tenía juguetes. Cuando la guerra tenía nueve años y no veía más que cosas … así que me inventaba hacer de esto. Hacía bolas de barro… Es lo mismo que yo enseño ahora a los niños en la escuela. Hacemos cositas juntos, borriquitos, una casita, un pato. Y yo les digo: “ustedes podéis hacerlo mejor, porque esto es naif, pero vosotros podéis hacer otra cosa que no sea estilo naif”. Los niños son tan chiquitos que hacen las cosas a su manera. Hicimos un belén con los niños, el “belén de las brujitas” le decían.  Tienes que ponerte como ellos, si no les haces caso ni ná no te escuchan. Para que los niños te quieran tienes  que irte con ellos, jugar, ver…

                        Yo no sabía que esto era naif, hasta que me lo han dicho. Se lo llevan a todas partes, al extranjero, a Barcelona. Me escriben muchas personas después. A no me gustaba venderlo, Me da no sé qué, prefiero regalarlo. He hecho muchos amigos artistas. Estuvo Rafael Alberti en Iznájar y le hablaron de un muchacho que hacía figurillas y quería venir a mi casa el hombre, pero como es muy anciano no quise que subiera a las Peñas. Yo me bajé una mulilla de barro que tenía y le gustó mucho porque me dijo: “Si me das otra cosa no lo quiero, esto lo pongo yo en el mejor sitio de mi casa”.

                        De él ha dicho el poeta Pablo García Baena:

                                   Si lo sagrado alienta en el

                                   Corazón de los artistas ingenuos,

                                   Antonio Cañizares, hacedor de

                                   Humildes figurillas de barro,

                                   Roza las barandas del cielo”

 

                        Y algo de verdad habrá en ello, cuando Antonio cuenta:

                        Los niños me quieren mucho, me paran por la calle y me dan besos. Anoche viene una niña aquí a mi casa y se sienta conmigo y me dice:

– ¿qué estás solito? ¿Está tu papá en el cielo? Pues cuando yo sea grande te voy a hacer la comida y todo.

                        En las barandas del cielo y en los paseos por su pueblo, Antonio andará siempre bien acompañado.

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* Este texto está incluido en el libro  “VOCES DEL SILENCIO” un proyecto colectivo de SUR INICIATIVAS RURALES (Rafa Cobacho, Mercedes Gutiérrez, Pepe Márquez, Antonio Zafra), que vio la luz en Zuheros (Córdoba), dedicado a la cultura tradicional en la Subbética Cordobesa.

 

VOCES DEL SILENCIO (I). Las manos de la matrona

 

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