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BANALIDAD DEL MAL Y TURISMO

 Foto de Uly Martín – EL PAIS

Varias veces había escrito desde este blog, o tal vez se tratase de un anuncio más de esos encubiertos que tanto abundan en el contagioso afán multiplicativo de la red, acerca del turismo oscuro, del horror, siniestro, escabroso o como quiera que se traduzca lo que, una vez más la lengua inglesa lo ha bautizado, se conoce como tourism dark. El eco mediático, ficticiamente inocente de los que trabajamos sin salario en la red, al servicio del Gran Hermano, reverberaba la apertura de campos de concentración, fosas mortuorias, campos de batalla y otros lugares del oscuro pasado, ofertados al mercado por la industria de las industrias, aquella que sin límites todo lo toca, tematiza, interpreta y banaliza.

Días atrás Jorge Semprún volvía a  Buchenwald y su discurso traía a nuestra conciencia el compromiso  de guardar  respeto sobre los lugares de la memoria -de cuyo silencio y ocultación bien desgraciadamente sabemos en nuestro país si no se trata del visitado Valle de los Caídos-, vividos como lugares de vigilia civil donde aprender, escuchar, conciliar, reflexionar y construir.

Tareas ajenas a la práctica del turismo como nos recuerda, en un lúcido artículo publicado en EL PAIS, la escritora Monika Zgustova,  donde alude a la trivialización de los lugares del mal, convertidos en mercado de abastos de la industria turística. Una razonable ética de quienes trabajan en ese sector debiera llevarles a alejarse por una vez de su encomiable labor disneyficadora y dejar estos lugares para el libre acceso de ciudadanos, residentes o viajeros, simples ciudadanos despiertos. Un asunto demasiado serio para hacer dinero fácil, rehabilitador del mal.

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MAPA DE LA MEMORIA

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Una mañana de verano al mismo tiempo que disfrutaba plácidamente de un café bebido en medio de una animadísima calle Mayor en Medina de Rioseco y me encandilaba sabiéndome dispuesto a comprar la cosecha de carnosos pimientos verdes que una paisana vendía bajo los sombreados soportales, comencé a leer perplejo primero por la coincidencia, asombrado luego por la cruda realidad, un artículo que firmaba Gustavo Martín Garzo, bajo el título de Las enseñanzas de Antígona. Resulta según relataba el escritor vallisoletano, que estos campos de los Montes Torozos, espaciados en la Tierra de Campos de donde él mismo es natural, guardan el mayor número de fosas comunes de la provincia, tal vez con algunos miles de muertos seepultados, calculándose que sólo en esta misma ciudad en la que yo mismo disfrutaba de una mañana ociosa, habían sido fusilados más de 200 republicanos y sindicalistas. Leyendo el artículo uno imaginaba a esas decenas de familiares reunidos cada año en Peñaflor de Hornija para recordar la memoria de aquellos que sólo fueron memoria, con objeto de no olvidar sus nombres, condenados doblemente primero a la ejecución y luego a la ignorancia, así como sus familias condenadas a la imposibilidad como fuera Antígona del derecho más básico de dar sepultura a sus muertos.

Se me vino a la memoria la historia silenciada de una querida vecina que con más de setenta años apenas se ha atrevido a contar la desaparición primero y fusilamiento después de su padre cuando ella era sólo una niña más de la guerra. Junto a su madre sólo conservaron –suerte la suya- una carta firmada por un capellán de la prisión de Córdoba en la que apenas atestiguaba que su padre estuvo preso en la misma. Sencillamente una vez existió.

Recordé luego la juiciosa afirmación de Marcuse,  “Contra la rendición del tiempo, la restauración de los derechos de la memoria es un vehículo de liberación, es una de las más notables tareas del pensamiento humano”,  mientras leía la simbología escrita sobre el Mapa de la Memoria: Fosas Comunes, Simbología Franquista, Edificios Históricos, Frentes y Batallas…

En ese contexto es tan necesario como urgente, antes de que desaparezcan con su dolor no resarcido quienes convivieron con este injusto silencio, recuperar todos los nombres y sus historias.

Tal vez entonces, podamos hablar de un turismo de la memoria, mejor denominación que la oscura y tenebrosa que ahora se maneja bajo el genérico concepto de Dark Tourism y que abarca otras tantas expresiones tales como el dissonant heritage, el thanatourism, el dark tourism o el holocausto tourism. Un articulo interesante sobre este tema, escrito por Rudi Hartmann, de la University of Colorado Denver, se extiende en argumentar esta idea de Tourism to Places with a Difficult Past, un pasado que también en los Montes Torozos debiera se integrado en su paisaje, como una traza más del mismo.  Finaliza Hartmann su presentación con una idea que creo avanza en una dirección muy adecuada, con la que aprender cara al futuro desde un pasado que un día fuera oscuro: “May the multitude of travelers’ experiences there remain open to all kinds of interpretation including mine: a region also wiling to offer tourism to palces with a difficult past -yet safe from having to repeat the experiences and painful mistakes made nearly a centry ago!”

MÁS INFORMACIÓN: www.dark-tourism.org.uk http://www.grief-tourism.com/ 

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Turismo del horror

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Estuve viendo la “Sonata para un hombre bueno” que es La vida de los otros, un alegato contra la intromisión del estado en las vidas de las personas y una narración del viaje que protagoniza el más encendido hurgador en las vida ajenas,  hasta  acabar encontrando en aquellas el sentido de la vida propia a la que el relato, en clave de letras, acaba homenajeando. También nuestro país conserva memoria en archivos y fichas policiales. Miles de procesos y expedientes almacenados en templos de  humillación y campos de exterminio,  al igual que la Stasi llenaba con sus minuciosos informes los armarios secretos de la RDA. Dispuestos a convertir la miseria en espectáculo, apenas centro de liberador reconocimiento para algunas  víctimas que regresan al lugar de cautiverio, esos santuarios del horror comienzan a convertirse en hoteles, museos o simples lugares turísticos. Cartografías oficiales y  cartografías silenciadas, el fin de un sistema político, se exhibe ahora en las antiguas oficinas de la Stasi, abiertas al público en el Museo Runde Ecke de Leipzig. Entre los inusuales hoteles ubicados en lo que fueron viejas cárceles, el Gamirasu Cave Hotel en Urgup (Turquía), el The Old Jail en Mount Gambier (Australia), el Lowengraben Jail Hotel en Lucerna (Suiza),  o el Langholmen Hotel en Estocolmo (Suecia) son la avanzadilla de esta vanguardia inmobiliaria y hotelera que no tiene miedo a ningún fantasma.  No puedo sino recordar la imagen de Lee Miller, exorcizando el recuerdo de Hitler y Eva Braun, haciéndose fotografiar desnuda en la bañera del dictador en su apartamento de Munich, escribiendo sobre la extraña vida de los otros “Las madres cosen y barren y hornean, y los agricultores aran y labran: como si fueran gente de verdad. Pero no lo son”.mill165.jpg

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