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DOÑANA, el paraíso

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Acompañando a dos amigos ornitólogos, visité días atrás ese paraíso de vida natural que es Doñana. Enclave al que la administración denomina  espacio protegido y los lugareños o rocieros nombran como  coto o marismas de Doñana. Pero, ¿es para todos  el  paraíso? Pocos lugares como éste ejemplifican la lucha y enconamiento de posiciones. Aun que sea abusando del estereotipo, de nuevo una imagen vale más que mil palabras. Mi última tarde en Doñana contemplé como coincidían dos grupos enfrentados que se daban la espalda. Unos se alineaban sobre la valla protectora de la marisma a la que enfocaban con poderosas lentes a la búsqueda de las aves nunca vistas, la pose o el hábito jamás observado, las relaciones más o menos armoniosas, la cantidad y diversidad de la fauna presente. Tras ellos, con la  mirada puesta en el camarero que les servía, un grupo de jinetes montados sobre sus caballos, atavío oficial conforme a los cánones de su tribu, más preocupados por la copa y la estética flamenca que de los otros flamencos a los que ignoraban cuando ajenos al silencio perturbado, disfrutaban jaleando el trote aún peligroso de los caballos. Igual de  enfrentados están también los linces –no con este enemigo transitorio vestido de iglesia que publicitariamente les ha utilizado en su campaña pro vida humana-, con quienes transitan ligeros sobre el camino agrícola que conduce hasta Villamanrique de la Condesa, veloces sobre esta pista asfaltada en condiciones que ningún otro camino pecuario conoce en parte alguna, eso sí, exhibiendo impúdicamente accesos bajo nivel, vallas de todo tipo y demás artilugios supuestamente articulados para facilitar la conexión entre la fauna en peligro.  La cosa es, resumida de nuevo, que tantos linces nacen, tantos linces mueren. Es un titular fácil, lo sé, pero es lo que traslucen los medios de comunicación y se charla con algunos informantes anónimos. Porque eso sí, en estos parajes plagados de adversarios, la oposición es francamente expuesta pero en muchos casos, donde la protección de las muchas contradicciones manda, ésta se presenta en forma silenciada. Como ese silencio roto de la marisma, también las voces se alzan a manera de murmullos prodigiosos. Que si hay mafias que viven de la conservación, que si esta u otra especia acabará por desaparecer, que si hay incongruencias entre los residentes que se aprovechan de sus licencias para transitar, percibir ayudas y otras prebendas en tanto son los opositores más aguerridos contra el espacio salvaguardado, antes coto y ahora parque de parques.

Coto de Doñana reza por tu salvación, cantaba Vainica Doble en una de sus memorables y sabias coplas, y ese parece ser el sino permanente de este sitio húmedo de rostro estepario. Un lugar donde si uno consigue olvidarse de estas andanzas humanas y se concentra en las dotes de observación básicas que cualquier ojeador iniciado debe seguir, alcanza a escribir una relación que aún siendo corta en el año de las celebraciones darwinianas, satisface el ego primitivo que llevamos dentro. Más o menos éste es mi listado incompleto, a gloria de Felix R. de la Fuente y de José A. Valverde, popular como Tono Valverde, controvertido y preclaro protector de la salvaje Doñana que explorasen  Chapman y Buck, de esa tierra salvaje que retrataran Mountfort y otros tantos. Garza real, somormujo, avoceta, malvasía, calamón, porrón común, ánade real, zampullín chico, zampullín cuellinegro, flamenco, martinete,  polla de agua, focha, espátula, morito, fumarel cariblanco, garza imperial, andarrío chico. Sigo escribiendo nombres apuntados en mi cuaderno de campo, mientras recuerdo las claves de su identificación y el lugar exacto de su presencia, marjales, pajareras… Milano negro, aguilucho lagunero, cigüeña, ganga, águila calzada, ratonero, , carbonero, herrerillo… También sigo la huella del lince perseguido y trato de atisbar la cigüeña negra, el águila imperial o la garcilla cangrejera. Pero éstas no aparecen por ahora.  Plantas acuáticas florecen sobre la marisma ensimismando a los moritos que se mueven ajenos a nuestra cercanía.

 

 

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Tomamos el sol en medio de verdaderos cosmopolitas del espacio, me dice J., aves que viven entre el hemisferio norte y el hemisferio sur, dignándose a veces en sobrevolar tu casa, detenerse un tiempo a tu lado. Es la maravilla del encuentro fugaz que persigue gente como este grupo de alegres jubiladas alemanas que al madrugar saludamos junto a la pensión Isidro en la aldea del Rocío. Mujeres que vienen por séptima ocasión al paraíso de Doñana. Volátiles como la grulla anillada cuyo recorrido me delata M. tras haberla observado en la provincia de Córdoba: nacida en Finlandia, primer vuelo junto a sus progenitores al Mar Negro. Avistada en Turquía. Luego en Argelia, Marruecos, Córdoba. Después en Francia. Hoy en…

El paraíso existe. Está en Doñana. ¡Ojalá lo disfrutes!

INFO:

DOÑANA, Patrimonio de la Humanidad

La evolución de Doñana

 

 

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