Archivo de la etiqueta: Viaje Sudamérica

ENLAZADOR DE MUNDOS, de Nicolás Meta (II)

  Foto FLICKR

MIRAR MÁS ALLÁ DE LA RUEDA

             Hace algunas semanas, terminé de leer un libro emocionante, que me inspiró y me llenó de confianza: “Atrapa tu sueño”, de Herman y Candelaria Zapp. Ellos viajaron desde Buenos Aires hasta Alaska en un coche de 1929. Y son ellos los que me dieron la idea de escribir esta historia de viaje. Le comentaba esto a Claudio mientras trabajábamos en la inmobiliaria. Él es un hombre mayor, erudito, conocedor de lo que se le pregunte. Me habló de negocios, economía, crisis mundial, pero también de la vida misma.

            Le pedí que me aconsejara.

            _ Nicolás –me dijo–: yo soy un hombre viejo que dejó pasar su vida. Trabajé cuarenta años para una empresa, pensando en asegurar mi futuro. Ellos no me pasaron la jubilación. Y ahora vivo en una pensión, apenas con dinero para medicamentos. Siguiendo la educación que me dio mi padre, un escritor, un intelectual, a mi hijo le enseñé a pensar, le di muchísimos libros. Él ahora vive en el exterior. Es profesor. Ni siquiera me llama. Es un hombre muy capaz, de mucha memoria, pero no se acuerda de su padre. Los pensamientos no son lo único ni lo más importante. Yo olvidé mis emociones, mis sentimientos. Usted no lo haga. Nicolás -siguió tras una pausa-, está a punto de emprender un viaje maravilloso. Va a visitar lugares que ni se imagina. Cuando esté allá, no se preocupe por sacar la camarita y tomar una foto como todos hacen. Quédese quieto, sienta el lugar. Que el lugar lo penetre; y usted penétrelo. Vívalo con su mente y con su espíritu. No olvide su espíritu. Active todos sus sentidos. No solamente vea: también escuche, toque, olfatee, huela y sienta.

            Lo escuchaba con admiración. Hasta ese momento, había hablado con él de cuestiones exclusivas al trabajo. Continuó:

            _ Hace unos años, salió en la tele un hombre que había viajado en bici desde Estados Unidos hasta la Patagonia. Allí lo entrevistaron. El periodista le sugirió los hermosos paisajes que habría visto en el camino. Pero  él negó. ¿Y sabe qué dijo, Nicolás? ¡Que al conducir miraba la rueda de la bici! Ese hombre no vio nada. Tenía el objetivo de llegar. Lo cumplió; pero no disfrutó el camino. Que no le pase lo mismo. Deje los objetivos a un lado. Cada lugar es único e irrepetible; y su gente es única e irrepetible. Forme parte de cada sitio.

            _ ¿Piensa en la muerte, Claudio? -le pregunté con atrevimiento.

            _ Pienso. A todos nos llega, es irremediable. Y le temo como todos. Tiene el lujo de ser joven. Aproveche. No se quede en lo seguro y lo cómodo. Conozca. Enfréntese a lo desconocido. No llegue a viejo y diga: ¿En qué desperdicié mi vida?

            Decididamente, en mi viaje no quiero mirar la rueda.

             En taller literario, interpretamos el cuento “El Inmortal”, de Borges. El texto hace una parodia de la eternidad. El Inmortal ha pensado de todas las formas posibles, ha experimentado cada variable: no necesita elegir, porque, tarde o temprano, atraviesa todos los caminos existentes. La inmortalidad desprecia la individualidad: hace a todos iguales. Como mortales que somos, tenemos que tomar decisiones, que traen consecuencias inmensas. La muerte nos ayuda a darnos cuenta de que somos únicos, de que la vida es sagrada y es marcada por nuestras acciones.

            Estoy dispuesto a asumir riesgos. La muerte está allí diciéndome: “Vive todo lo que puedas. Porque después yo te atraparé y ya no serás nada”. 

 Marcel Duchamp, foto FLICKR

1 comentario

Archivado bajo Viajes

ENLAZADOR DE MUNDOS, de Nicolás Meta (I)

Recostado en la prolongada siesta donde dormita OLEOPOLIS, recibí días atrás este email de Nicolás Meta.

Acabo de regresar a Buenos Aires después de más de un año de ausencia. Tenía relegado un sueño, que me decidí a cumplir: viajar por tierra de Argentina a México y cruzar a Cuba. Cuando me quedé sin recursos, edité en el camino cientos de libros sobre la experiencia del viaje, que fui vendiendo en Ferias Internacionales del Libro a las que fui invitado. La idea de la obra, Enlazador de Mundos, es mostrar un abanico de posibilidades distintas a la lógica occidental y de ciudad con que crecemos, incentivar nuestros más profundos deseos y la iniciativa para ir tras ellos.

En abril estaré participando en la Feria de Buenos Aires, y el 4 de mayo presentaré el libro en el Centro Cultural San Martín, que me cedió un auditorio.

Pensé que podría llegar a ser de tu interés conocer un poco más sobre el viaje y el libro. Te adjunto la gacetilla de prensa. Si tenés ganas, te puedo enviar algunos capítulos.

A partir de aquí, Nicolás, el sitio es tuyo y de tu mano insertamos sucesivas andanzas de tu paseo latinoamericano, que por cierto despedimos con una canción. Espero que lo disfruten.  

PRESENTACIÓN

Empiezo a escribir la historia de mi viaje. Hoy es jueves 4 de diciembre de 2008. El próximo 18 comienza la aventura. Junto a dos amigos de siempre, Nano y Alan, iremos en micro a Tucumán. La idea es seguir por el Norte de Argentina: Salta y Jujuy, entrar en Bolivia, luego en Perú, cruzar el Amazonas, bordear la franja Norte de Sudamérica y pasar a Centroamérica. Me decidí a viajar sin fecha de retorno; mi sueño es llegar a Cuba. Distinto es el caso de mis amigos, que viajan con tiempo límite.

            Las semanas previas a la salida no son fáciles. Uno puede creer que es todo preparativos y diversión; aunque eso es sólo una parte; la otra parte son nervios y tensión, mucha tensión. Había logrado mantenerme tranquilo hasta que Alan me sugirió hacer una consulta con una infectóloga, para conocer qué precauciones tomar antes y durante el viaje. Me encontré con un panorama sombrío: vacuna de la fiebre amarilla, vacuna tifoidea, vacuna antirrábica, refuerzo de vacuna doble adultos, pastillas para la malaria que deberían tomarse casi en todos lados, pastillas para la diarrea de dos tipos, remedios para el dolor de cabeza específicos para lugares de altura, cuidados excesivos con el agua: usar lavandina, pastillas purificadoras, no bañarse en lagos o lagunas… En fin, las indicaciones fueron equivalentes a más de una hora de monólogo de la doctora.

Me queda presentar un trabajo práctico para la facultad y rendir el final de una materia. No creo que pueda estudiar, aunque sé que voy a aprobar. No tengo problemas en mi Carrera; la Universidad es un ámbito en el que me desenvuelvo bastante bien. Por eso mis abuelos no logran comprender por qué me voy. Creen que estoy desperdiciando mi vida, que si no me cuesta nada tengo que graduarme, luego ser gerente o dueño de una gran empresa, hacer mucho dinero y lograr “ser alguien” en la vida. Dicen que tengo que pensar en mi futuro, que tengo que formarme y prepararme, que no puedo vivir sin dinero; y qué pasaría si me enfermara, o cómo haría para mantener una familia. Piensan que estoy loco. Su nieto, su orgullo, la carta de presentación a sus amigos y amigas, se descarriló. ¿Qué les van a decir ahora? ¿Que ya no apunta más a presidente sino a indigente, o vago, o bohemio, o lo que fuere?

            Pero yo no soy tan extremista (aunque en muchísimos aspectos sin dudas lo soy). De momento sólo sé que quiero viajar. No sé hasta cuándo, desconozco lo que pueda pasar; confío, aunque resulte utópico, romántico o quizá idiota, en seguir a mi corazón. Es él quien me pide a gritos libertad.

            ¿Si busco una familia, hijos? No sé. ¿Una casa linda, un trabajo asentado? No creo. Hoy, a mis veintidós años, puedo decir que no respeto para nada los supuestos valores de la sociedad occidental. No es que sea un rebelde (de seguro lo sea a ojos de muchos); sólo quiero ser feliz. Y no creo que felicidad sea trabajar ocho horas por día, volver cansado del trabajo a casa, juntar mucho dinero para tomarme quince días de vacaciones al año. Eso es correr tras la zanahoria; es pensar que la felicidad se encuentra “si”: si me gradúo, luego si tengo un buen trabajo, más tarde si me ascienden, enseguida se pasa a desear una hermosa casa, y así hasta la muerte. ¿Para qué? Aunque hasta ahora me haya costado muchísimo aplicarlo, creo que la felicidad no es una búsqueda: está aquí y ahora. Quiero viajar y viajo. Mañana Dios dirá, yo dispondré.

            Muchos piensan que estoy escapando de algo. No escapo de nada. En Buenos Aires estoy muy a gusto. Viajo porque quiero algo distinto; para sintetizar lo que vengo diciendo, lo quiero es vivir, vivir intensamente.

            No soy un tipo arriesgado o impulsivo, de esos a los que no les importa las consecuencias. Planifico, soy estructurado, controlo, me controlo, tengo muchísimos miedos y me aferro a lo que piensen de mí. Ninguna de estas cosas me gusta. Son condicionamientos que fui adquiriendo desde mi infancia. Me siento tenso, como si estuviera atado o con el freno de mano puesto. Y la mejor manera que encuentro de superarlos es alejándome de mi entorno, rompiendo la burbuja que me aprisiona.

Me encanta viajar, conocer, aprender, sorprenderme, experimentar.

            ¡La búsqueda está a punto de comenzar!

2 comentarios

Archivado bajo Turismo cultural, Viajes