Archivo mensual: agosto 2007

Me fuí

Passolini

 

Me fui, me perdí un mes del uno al treinta. Tantos días oculto como una lagartija envuelta en sombra de cal. Como mancha de sal. Me compré. Adquirí una caja negra y disparé. Sin tiento alguno abusé del mando a distancia y retraté. La vida de los otros mientras me agarraba a los barrotes del miedo. Como si los pájaros se hubieran ido y nadie supiera atraer a los vientos, hablar a las nubes.

Sal

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The Last Tour

The last tour

Asombra comprobar como la industria turística se adapta a los cambios y supera las crisis por más que acontezcan alrededor de unos u otros destinos atentados terroristas, tsunamis, epidemias o terremotos. Lo que sólo unos aventajados pudieron pronosticar es como ésta iba a intentar ajustarse  a los efectos negativos del cambio climático.

Marine Hugonnier ya lo anticipaba al realizar The Last Tour, un documental que registraba el cierre del teleférico que llegaba a la cumbre del Matterhorm en Suiza, lo que aprovechaba para esbozar la idea de que los turistas del futuro irían a contemplar paisajes terminales, exhibidos en sus últimas funciones públicas.

Algunas empresas han comenzado a  lanzar sus ofertas en esta dirección y el próximo 25 de septiembre, la agencia californiana Betchart Expeditions parte rumbo a la Isla del Calentamiento, Warming Island, en Groenlandia. Una porción de tierra que el calentamiento global ha separado de Groenlandia. A partir de 5.000 $ se puede comprobar como se está derritiendo Groenlandia, a la vez que se navega durante dos semanas, rodeados de ballenas azules, orcas o delfines de morro blanco.

Más prosaico, en nuestro país, es el ladrillo quien continúa derritiendo nuestros mejores paisajes. Esto está a punto de ocurrir con el paisaje que rodea a Zuheros, un conjunto histórico, incluido en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, donde si las autoridades competentes no ejercen sus atribuciones se van a plantar una treintena de adosados. Para salir corriendo y hacer su last tour, antes que sea demasiado tarde.

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SEGURIDAD AEREA

SEGURIDAD AEREA

SEGURIDAD AEREA

7 de Agosto de 2007, aeropuerto de Málaga, vuelo destino a Barcelona, 22:05 horas. A punto de salir con un breve retraso, sesenta minutejos, vuelo VY1153. Mi asiento, 6C, pasillo.   Padres jóvenes con bebé como vecinos. Padre musculoso y vociferante, muy nervioso, qué echaba en falta no lo sé. La madre silenciosa, más bien muda. Gruñe el padre, llora nervioso el niño.Hago como que miro el libro de Auster, pero no leo dos letras. También estoy nervioso, temo que el histérico padre se abalance sobre el niño, la madre, sobre mí. Me preparo a saltar. No tarda en ocurrir ni un minuto. Cuando el sobrecargo, tan guapo él como pedante el nombre de su papel, empieza a proclamar su aburrida letanía sobre medidas de seguridad que ya todos sabemos –entonces por qué carajo las repite-, el macho salta y con él los que le acompañamos. Se planta a grito pelado en mitad del pasillo mientras abre el compartimiento superior de equipaje, mientras el avión comienza a deslizarse sobre la pista. Voy a tomar el suero del niño, amenaza al sobrecargo y compañero del sobrecargo que se han dirigido hacia él. Y tú, tráeme agua para mí, ordenó de pronto a este último. El sobrecargo y su compañero enmudecieron ante la musculatura del caballero. Yo me escurrí al otro lado del avión en un asiento vacío junto a dos mujeres. Algo debió de poner el pequeño compañero del sobrecargo en el vaso de agua porque el grandullón quedó callado de inmediato tras zampárselo de un trago. O tal vez era un cagón y al escuchar lo que luego vino se hizo caca y silenció así su sucia boca.La cosa es que mi suerte iba de mal en peor. Mis nuevas compañeras –madre e hija supe que eran-, no estaban del todo tranquilas. La madre tenía pánico a volar y había olvidado tomar algo que llamó ansiolítico. Yo no sabía bien que era esto, pero comprobé pronto que su falta la ponía más que nerviosa, lo que me hizo temer por mis brazos al recordar los pellizcos que una viajera en similar estado de ansiedad me había propinado en las tres horas de un vuelo veraniego de Túnez a Madrid. Por si creen que esto es suficiente, no, ahí esta el sobrecargo dispuesto a dar una ayudita. Así que retoma su rollo parlanchín y entona.  Señores pasajeros, tenemos hoy un pequeño problema técnico en la aeronave que no incidirá en la completa seguridad del vuelo. Les rogamos disculpas por el retraso pero hemos volado ya esta mañana a Bilbao, hemos vuelto de nuevo a Málaga para prestar ahora este servicio con destino a Barcelona. Leche ve al grano y explica el jodido problema, pensaba seguro al unísono todo el pasaje. La cuestión es que los generadores de aire no permiten su funcionamiento normal por un fallo en uno de los motores que debe cumplir esta función. Podemos solucionarlo de manera sencilla como van a ver, inyectando aire –Dios, pensé, nos van a inyectar aire a chorro-, por lo que la temperatura subirá en el interior de la aeronave durante unos minutos hasta alcanzar aproximadamente los 28ºC, en tanto que las luces estarán parpadeando y a partir de ahí, todo retornará a su posición correcta, funcionando el aire y llevando a cabo el vuelo con toda normalidad. Muchas gracias por su atención, toda la tripulación les deseamos buen vuelo con Vueling. El mozo se quedó tan pancho mientras el pasaje enmudecía y en efecto las condiciones atmosféricas y ambientales –juegos de luces incluidos- se reproducían de acuerdo con la esclarecedora explicación avanzada. El vuelo discurrió sin más incidentes –cualquiera levantaba un dedo-, venta de bocadillos incluida, hasta la llegada de las conocidas turbulencias, que en esta ocasión acabaron de turbar a mi vecina de asiento, a la que también tuvimos que suministrar su dosis de agua correspondiente. Ignoro si nuevamente el pequeño compañero del sobrecargo le endiñó alguna sobredosis, pero en todo caso no consiguió silenciarla como ya había pasado con el grandullón. El aterrizaje fue perfecto. Ya detenidos en la pista, a punto para desembarcar, una abuela hablaba a voces de móvil con su gente en la sala de llegada, el gruñón retomó su fiereza indómita –hijos de puta, compañía de mierda, qué puro os voy a meter-, me despedí dando las gracias a mis compañeras por haber tratado tan bien mis brazos, mientras ellas se aprestaban a presentar una reclamación con los pasajeros más comprometidos con la causa de la seguridad aérea. Corrí a abrazar a los chicos que sin duda me esperaban cansados.  

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Turismo sostenible, turismo solidario

Aprovechemos algunas novedades para hablar de turismo sostenible, responsable, justo, solidario … y denominaciones hermanas. La aparición del libro “Turismo responsable. 30 propuestas de viaje “, de la ONG Turismo Justo, editado por Alhena Media, nos invita a crear un listado bibliográfico sobre el tema, lo que comenzamos con algunos títulos en inglés.

  • Code Green, de Ferry Lorimer y Ethan Gelber (Lonely Planet, Londres 2006)
  • The Ethical Travel Guide, de Polly Pattullo (Earthscan, Londres 2006)
  • The Holidays Makers, de Jost Krippendorf (Butterworth-Heinemann, 1991)

Y para recomendar, un blog de viajes tan comprometido como divertido en su lectura. Gracias a las recomendaciones siempre competentes de Jorge Gobbi en Blog de Viajes, he descubierto el blog de Evaristo Babe, un viajero comprometido en causas humanitarias en India o Etiopía, una forma tan diferente del viaje que para nada excluye los momentos divertidos como podéis confirmar leyendo el post “Cómo colarse en las pirámides de Egipto”. Textos que dan para reír, pensar, conocer, compartir, … ¿acaso no era eso el viaje?

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Una plegaria

Cuenta Leo Hickman como la Iglesia ortodoxa griega adoptó en 1971 una oración para espantar a los monasterios de la península bajo el Monte Athos de los peligros que les acechaban ante la irrupción turística. “Señor Jesucristo … ten piedad de las ciudades, las islas y los pueblos de nuestra patria ortodoxa, así como de los santos monasterios, azotados por la oleada turística. Concédenos la gracia de una solución a este dramático problema y protege a nuestros hermanos, … tentados por el espíritu modernista de estos invasores contemporáneos”. Viene esto a cuento porque el periodista inglés ha publicado “The Final Call” una relevante panorámica acerca de que hay más allá del turismo, empeñado en mantener un lenguaje vacuo en medio de realidades injustas con los trabajadores del sector, el entorno ambiental o la irrupción de otros problemas sociales en las poblaciones de acogida. La edición española de la revista Foreign Policy incluye un extracto del libro. Algunos capítulos publicados en The Guardian ofrecen la visión de Hickman sobre el nuevo Dubailand, el ecoturismo en Costa Rica o el turismo sexual en Estonia. Os recomiendo no dejéis de ver el blog de Hickman. Una visión personal de los impactos de un turismo insostenible es la que ofrece el relato que os presento con el título “Bajo el pavimento la playa”. Se trata de un relato visual acerca de la destrucción de una playa en la isla de Lanzarote y la resistencia de unos isleños. Un trabajo que realicé este año como trabajo práctico en un taller organizado por la UOC y que os recomiendo vivamente sobre Sociología Visual y Proyectos Fotográficos, dirigido por Carmelo Pinto.

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