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MUSEOS PARA INOCENTES FELICES

Me gusta lo que dice Orhan Pamuk y sus modestas  ideas para museos, desde la experiencia de quien dedica un museo a la inocencia. Me gusta pensar que los museos puedan contribuir a hacernos más felices, tal y como aspira el Happy Museum Project.

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MUSEO DEL PAN DE MAYORGA

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Si usted es vecino de la zona de Tierra de Campos y desea conocer mejor el pan en todos sus aspectos, o si tal vez es forastero y desea apreciar el pan de Valladolid, no debería dejar de visitar el Museo dedicado a este alimento en el municipio vallisoletano de Mayorga. Creado con estos objetivos por la Diputación de Valladolid, pretende ser desde su apertura a inicios de este año, un recurso atractivo, didáctico y divertido, dinamizador del municipio y de la comarca. El edificio del Museo se levanta sobre la que fuera iglesia de San Juan y otros terrenos colindantes, extendidos sobre la vega del río Cea. Las formas externas de los dos edificios que conforman el museo contrastan en sus volúmenes a la vez que se unifican en el color blanco común. El espacio visitable se extiende por un conjunto construido en una superficie cercana a los 3.000 m², divididos los contenidos en tres plantas. La visita tiene una dirección descendente, de arriba hacia abajo,  pasando desde la planta tercera dedicada a los cereales,  la segunda donde se exhibe lo relacionado con la molienda, la primera concentrada en la panificación y la planta baja dedicada al pan en la cultura.

Esta breve introducción refleja los objetivos de la entidad promotora y los distintos ámbitos que conforme al plan museográfico se han desarrollado en el espacio museístico, con una inversión que debe haber rondado los tres millones de Euros.

Tras pagar en la recepción del centro los 6 € de coste de la entrada individual hice una visita a este museo institucional para constatar la confusión del resultado final y la falta de una impronta en la exposición que hiciera de este museo algo verdaderamente único, por encima de ser el solo museo dedicado al pan en nuestro país. En primer lugar llama la atención la escasa importancia de la colección de objetos, siendo pocas las piezas originales que soporten el discurso museológico pretendido. Más aún se echan a faltar aquellos elementos propios de la cultura inmaterial que conecten con la identidad local, la memoria del territorio, la ruralidad y la gente, es decir aporten la autenticidad que debe trascender a una propuesta de museo local / temático como entendemos es el caso.

La puesta en escena es confusa y poco acertada, así por ejemplo, la réplica más importante de un molino queda excluida del lugar de preferencia que debiera tener, del mismo modo que unas vitrinas ocultan la visibilidad adecuada desde el edificio principal de la nave de la iglesia en la primera planta, falta el olor del pan y la actividad de una tahona con un panadero que diera sentido sensorial a la visita haciéndola verdaderamente inolvidable. Del mismo modo se echa en falta una presencia del paisaje, la naturaleza o la arquitectura rural, respecto a la Tierra de Campos donde se ubica el Museo. La difusión y protección desde la práctica,  aprovechando la atalaya que un museo del territorio representa, de las variedades locales de cereales, hornos, molinos y tahonas…son aspectos que tampoco encuentran eco en este museo del territorio. Más aún, falta la participación y presencia de la gente de Mayorga y Tierra de Campos. Tras visitar el Museo hablé a la sombra de los árboles que rodean la vecina Iglesia de San Toribio con dos jubilados del pueblo y ambos se mostraban contrarios al modo en que el ayuntamiento había actuado en este proceso de creación del Museo por parte de la Diputación de Valladolid. Igual podía haber sido un museo del pan que cualquier otra cosa, se lamentaban ante la falta de información y participación de la gente con este proyecto institucional, máxime en un espacio, la Iglesia de San Juan, donde habían trabajado voluntariamente hace décadas mucha gente del pueblo, cuando estaba ésta ruinosa, con objeto de asegurar su consolidación y uso como panera donde guardar el grano.

Ausente de estas ideas que venimos describiendo, el museo corre riesgo de convertirse en un amasijo de reproducciones que a manera de rompecabezas reúnen numerosos recursos técnicos que no acaban de encajar ni con el espacio –la planta baja ejemplifica sobremanera esta confusión de contenidos y recursos deslavazados en torno a la cultura del pan-, ni con el plan museológico y museográfico, ni entre ellos mismos.

Esto es de lamentar cuando muchas veces los museos locales o los centros de interpretación son la única forma de conexión directa que tienen los visitantes con un territorio donde han llegado y que de algún modo necesitan percibir y disfrutar en su autenticidad y complejidad, a través en este caso de un elemento de interés, el pan, con más que atractivo suficiente para enganchar la atención de los turistas y vecinos interesados. Es en este sentido donde este Museo del Pan es un intento a mejorar si pretende cumplir el objetivo de acercar a los visitantes a la naturaleza del pan y a la cultura del pan en Tierra de Campos.

Claro está que si usted ha visitado el Museo o es vecino de Mayorga o Tierra de Campos,  sería interesante conocer sus comentarios. Tal vez ayuden a mejorar la gestión futura del Museo, reto tan transcendente o más como su concepción de partida. Con ese objetivo están escritas estas notas.

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CULTURA Y DESARROLLO

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No se puede tachar una parte de la historia como el que traza una raya sobre una cuenta saldada”, escribe John Berger en la cita que encabeza “Los Hijos del Aceite”, libro del que es autor Julio Rodríguez-Calvarro junto a Nicolás Calvo. Me trae felizmente a la memoria el recuerdo de Julio, un reportaje dedicado al oleoturismo en la cacereña Sierra de Gata, que en buena parte protagoniza. Julio es un médico rural que tuvo la fortuna de nacer justamente escuchando el girar inequívoco de las ruedas de un molino hidráulico que machacaba las dulces manzanillas cacereñas en el pequeño pueblo de Robledillo de Gata. Con el tiempo, empleando su dinero y atención, se hizo dueño de ese molino para convertirlo en el equipamiento cultural estrella del municipio, el Molino del Medio. El relato pausado del libro como corresponde a un buen aldeano, más si se demora en tertulias amistosas al hilo del vino de pitarra, se acompaña de una primorosa edición con fotografías que documentan no sólo lo que es la historia del molino sino la arquitectura del pueblo y sus paisajes, así como un audiovisual basado en un diálogo a la antigua usanza entre abuelo y nieto. Rico en detalles, el texto brilla con las cuentas de resultados de dos campañas aceituneras, la 1948-49 en el Molino del Medio, que ofrecieron unos resultados de 2.600,21 pesetas y las de la campaña 1969-70 para el Molino Bajero con una producción valorada en 47.260,10 pesetas.

Me viene todo ello a cuentas de una reflexión ya muchas veces realizada sobre la relación entre cultura y desarrollo. En las últimas décadas, numerosas instituciones públicas animaron ese debate. En su tiempo fue pionera la Diputación de Barcelona. También la Diputación de Córdoba organizó en la década de los noventa diversas jornadas sobre el tema de la cultura y el desarrollo rural que tuve el gusto de coordinar y donde contamos en repetidas ocasiones con Avelino Hernández, creador de una experiencia innovadora que los ministros de Cultura no supieron prorrogar, Culturalcampo. El gobierno cubano organizó también durante varios años, sucesivas ediciones de un encuentro internacional sobre cultura y desarrollo con especiales énfasis en los países en desarrollo, particularmente iberoamericanos, con documentos y elaboraciones teóricas animados desde la OEI. Pasado ese tirón un tanto ruralista, la efervescencia urbana atizó el debate en torno a las bondades convenientemente realzadas del modelo Guggenheim & Bilbao. Me sorprende hallar una nueva convocatoria pública para debatir el tema, venida de la mano del gobierno gallego sin que verdaderamente hayan pasado tanto tiempo después demasiadas cosas nuevas. Un nuevo lenguaje más hard, soft, net u org, pero no demasiadas experiencias sociales o privadas, que equilibren el permanente esfuerzo de la iniciativa pública.

Si algo fijó mi atención en los últimos años respecto a este tema es el escaso interés de la empresa privada en apostar por la cultura como vía de desarrollo. Un reciente informe de CORDOBA 2016 sobre la experiencia de capitales culturales europeas deja patente un desigual pero característico alejamiento de la iniciativa privada en las inversiones culturales.  

Lamentablemente hay pocos quienes como Julio Rodríguez-Calvarro, puedan y quieran creer que la cultura es una manera brillante de trazar una línea hacia el futuro.

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MUSEOS Y CATEDRALES

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La crisis económico – política que se abate sobre el Museo Guggenheim de Bilbao –uno de los iconos más representativos del reciente turismo cultural y clave de inspiración sobre el denominado “efecto Bilbao”, se une a la gran crisis  que todo lo llena, amenazando a la tendencia reproductora de megaproyectos, para lucimiento cual faros destellantes en entornos devaluados o sencillamente carentes de atractivo. Paradójicamente este boom de nueva industria, cuya plasmación más evidente ha sido la puesta de uno o varios arquitectos estrella dando nombre al proyecto, nacía en un momento en el que los museos de toda la vida luchaban por sobrevivir alejados del gran público que les ignoraba. Pero bastó con sacar del viejo almacén las obras clásicas y conducirlas hacia nuevos archivadores, para que todos hiciéramos cola ante el contenedor único o la exposición del siglo.

El peligro que se cierne estos días sobre la continuidad en la financiación pública y privada de estos fastos arquitectónicos y expositivos, anima predicciones varias. ¿Se vaciarán las amplias salas de los salones nuevos en tanto que los viejos museos renacerán entre sus cenizas? ¿Se erguirán aún más esbeltas las nuevas catedrales de Qatar y Abu Dhabi con ostentosas obras cuyos alquileres sólo ellas podrán soportar? ¿Pasearán solitarias las masas democráticamente cultas entre muros sin ventanas, en tanto mascullan sobre el devenir de la raza y sus creaciones más íntimas?

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LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO

 

“Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser… lo que es ‘sagrado’ para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado.”

FEUERBACH, prefacio a la segunda edición de La esencia del Cristianismo.

La vida y la obra de Debord no deja de depararnos nuevas paradojas cincuenta años después de que crease la Internacional Situacionista e inventase un juego, el Kriegspiel o Le Jeu de la Guerre, tratando de abstraer sobre el tablero de juego los combates y batallas de la vida real. Sutilmente venía a mostrar el modo en que la gente podía aprender a luchar contra el amable poder opresor de la sociedad fordista. Hace poco hemos sabido que su viuda pleitea por los derechos de autor del juego, ahora disponible en una versión digital y mostrado  en una exposición, como no podía ser de otro modo, tratándose de la obra de Debord.

El verano ha traído algunas noticias más sobre los museos como centros de consumo especializados en la producción y exhibición de copias de cualquier aspecto de la realidad que se preste a ello, o tal vez sin que siquiera esto último ocurra. Es el caso de Unabomber, el terrorista que actuase en EEUU entre 1978 y 1995, quien ha pedido sea retirada de la exposición que sobre el FBI presenta el Newseum, la cabaña de madera que le sirviera de habitáculo durante ese periodo, con objeto de no herir a sus víctimas. Pero dado el valor del objeto, éste ocupa un lugar destacado y así podemos saber la disposición, los útiles y algo de la vida de ese personaje a través de su cabaña. Mal que le preocupe ahora a Unabomber el ánimo de sus víctimas, quien gana verdadera notoriedad es el museo de cuya existencia buena parte del mundo no habría sin duda reparado si no fuera por el valor de esta pieza original. Los museos se convierten así en “sitios públicos de la actualidad”, que diría McCannell, re-presentando el hábitat natural del terrorista.   

En el Bradbury Science Museum en los Alamos (USA), la exótica pieza, estrella de la colección representada, es Fat Man, la carcasa de una bomba atómica, idéntica a la lanzada sobre Nagasaki, que fue creada en este laboratorio militar. Todo al servicio de la ciencia, la educación y la seguridad nacional. Los vecinos y visitantes que llegan a este enclave del turismo nuclear, según leemos en un reciente reportaje de Barbara Celis en EL PAIS, se prodigan en alabanzas o luchan denodadamente para denunciar el uso militar de esta energía. ¡Blanco y negro, pero que vengan turistas!

Anunciando su virtualidad inteligente – se dice capaz de adaptar su discurso expositivo a las características sociodemográficas de los visitantes-, ha abierto sus puertas el MAV, primer museo arqueológico virtual italiano. Dando de lado a la vieja maniobra museística de los desplazamientos generalizados de piezas, aquellos que acudan a visitar las excavaciones de Herculano, podrán previamente contemplar una visión diferente de las ruinas. Sin ningún objeto, mínima escenografía y despliegue tecnológico que desde un software central dirige y ofrece diferentes sensaciones al visitante. Como desgraciadamente ocurre con otros museos,  su publicitada interactividad con el usuario no sirve para manifestarse en el desarrollo de su sitio web, bastante empobrecido en contenidos y en el uso de herramientas tecnológicas acordes a su pretensión.

 

 

 

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Turismo del horror

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Estuve viendo la “Sonata para un hombre bueno” que es La vida de los otros, un alegato contra la intromisión del estado en las vidas de las personas y una narración del viaje que protagoniza el más encendido hurgador en las vida ajenas,  hasta  acabar encontrando en aquellas el sentido de la vida propia a la que el relato, en clave de letras, acaba homenajeando. También nuestro país conserva memoria en archivos y fichas policiales. Miles de procesos y expedientes almacenados en templos de  humillación y campos de exterminio,  al igual que la Stasi llenaba con sus minuciosos informes los armarios secretos de la RDA. Dispuestos a convertir la miseria en espectáculo, apenas centro de liberador reconocimiento para algunas  víctimas que regresan al lugar de cautiverio, esos santuarios del horror comienzan a convertirse en hoteles, museos o simples lugares turísticos. Cartografías oficiales y  cartografías silenciadas, el fin de un sistema político, se exhibe ahora en las antiguas oficinas de la Stasi, abiertas al público en el Museo Runde Ecke de Leipzig. Entre los inusuales hoteles ubicados en lo que fueron viejas cárceles, el Gamirasu Cave Hotel en Urgup (Turquía), el The Old Jail en Mount Gambier (Australia), el Lowengraben Jail Hotel en Lucerna (Suiza),  o el Langholmen Hotel en Estocolmo (Suecia) son la avanzadilla de esta vanguardia inmobiliaria y hotelera que no tiene miedo a ningún fantasma.  No puedo sino recordar la imagen de Lee Miller, exorcizando el recuerdo de Hitler y Eva Braun, haciéndose fotografiar desnuda en la bañera del dictador en su apartamento de Munich, escribiendo sobre la extraña vida de los otros “Las madres cosen y barren y hornean, y los agricultores aran y labran: como si fueran gente de verdad. Pero no lo son”.mill165.jpg

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Arte sin fronteras

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No hay frontera para el arte contemporáneo. Las iglesias prestaron siempre sus muros a la pintada artística y así recientemente Barceló llenó de peces las paredes de un templo balear. Ahora María Cañas inaugura con una instalación una galería localizada en la desacralizada Iglesia de Santa Lucía en Sevilla. Allí  propone su Kiss the fire o por qué no, baja a los infiernos. La ruptura con los templos sagrados del arte ya condujo creaciones artísticas a las habitaciones de algunos hoteles que invitaban a colgar fotografías o pinturas en una atmósfera obviamente hospitalaria.

Ahora la colaboración sin límites, que el marketing globalizado recomienda, ha llevado a la compañía finlandesa de diseño textil Marimekko junto a la empresa de elevadores KONE a subir el arte a lo más alto, decorando el interior de ascensores que podrán lucir por igual diseños de interiores luminosos o campañas publicitarias de las que no se podrá escapar fácilmente.

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Atrapados en la red del arte han quedado los ricos visitantes – por allí andaban Cindy Crawford y Naomi Campbell- de la exposición del artista japonés Takashi Murakami en el Museo de Arte Contemporáneo de los Ángeles cuando se encontraron con una tienda de lujo enmarcada en el propio argumento de la exposición. La tienda de Louis Vuitton ha diseñado bolsos (658 € pieza) y agendas (477 € pieza) basados en los dibujos del japonés.  Una manera de crear nuevos productos, expandiendo los horizontes de la economía por los cuatro puntos cardinales.

Todo eso ocurría el mismo día que la baronesa Von Thyssen, ecologista urbana, rompe fronteras y amadrina una burrita en la reserva de burros de ADEBO en Rute (Córdoba). 

Arte sin fronteras 

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