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LOS ÚLTIMOS TRASHUMANTES

Es el título de un hermoso video reportaje de Alberto Almansa, acerca del paso de un rebaño de vacas por la ciudad de Córdoba. Las palabras de los protagonistas, el sonido de los cencerros irrumpiendo en la ciudad, las sorprendidas caras de los vecinos, conforman un poema de primavera.

En estos días que se celebra mucho y no sé si se hace tanto, vistos los resultados de los últimos años, acerca de la defensa d e la biodiversidad, vale la pena concretar el esfuerzo en cosas tan simples como el fomento de esta práctica centenaria. Lástima que las autoridades anden enfrascadas en ese doble juego de “deslindar” sobre programas y “acotar” a base de permisos sobre el campo. Es difícil estar tan perdidos o faltos de compromiso, décadas después de haber  iniciado la política de espacios naturales.

También los amigos de Slow Food apoyan a los trashumantes valencianos. Dejemos junto a esta reivindicación del pastoreo y de la movilidad de los rebaños, un glosario que escribimos hace unos años en un libro sobre cultura popular de la Subbética Cordobesa, VOCES DEL SILENCIO

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TURISMO CULTURAL, ESTRATEGIAS E INDICADORES

Fotografía de Sonicraver en Flickr

Atractiva jornada la que organiza el próximo 19 de febrero, la Universidad de Barcelona  dedicada a analizar las estrategias de gestión turística y la definición de indicadores en museos y monumentos. Algunos de los investigadores y profesores universitarios más destacados de este ámbito estarán presentes. Por recomendar, la intervención de María García y Heredina Fernández en torno a la siempre importante pero poco considerada “gestión de los públicos” y el debate acerca de la definición de indicadores de turismo cultural con expertos en economía o gestión cultural, procedentes de varias universidades españolas. Me parece especialmente interesante por la necesidad acuciante que se tiene de investigar acerca de los públicos y la relación del patrimonio y sus gestores/promotores con aquellos. Demasiadas intervenciones conocemos que no son planificadas, como tampoco seguidas, evaluadas ni antes, durante o después de las visitas y estancias de los turistas. Con ello se desaprovecha la ocasión de conocer de primera mano el impacto y valorar verdaderamente el acierto o desacierto de las intervenciones. Algo demasiado lógico al parecer para estar fuera de la agenda de muchos proyectos de intervención y valorización de recursos patrimoniales. Me parece algo tan necesario como atractivo para aprender de ello, es con mucho creo, uno de los medios más directos de mantener viva la relación entre todos los actores, de ahí que vaya cerrando en torno a ello modestos trabajos preliminares y tal vez una investigación más en profundidad más bien pronto. De ahí que no faltaré a la Jornada.

Será una buena ocasión para ver también como el turismo cultural y de negocios está capeando la crisis en una ciudad tan cercana a ambos. Ocasión de conversar alojado cómodamente en  el habitual Hotel HCC  o en cualquier otro hotel ramblas barcelona, cual típico turística.

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GESTIÓN DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

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Aprovecho este post para compartir algunas notas tras la lectura del libro “Gestión del patrimonio arqueológico”, del que es autora Amalia Pérez-Juez Gil que recibí por cortesía de la Editorial Ariel. Antes de nada, decir que se trata de un texto útil por igual para profesionales, gestores y responsables políticos como para un público general, gracias a su carácter divulgativo y esfuerzo didáctico. Es un manual generoso en la información suministrada, la introducción correcta de diferentes casos de estudio y los ejemplos de diferentes recursos, bien distribuidos espacial y temporalmente.

Me ha parecido interesante la reflexión acerca de los conceptos de patrimonio histórico artístico y de la idea de belleza ligada al patrimonio cultural, y cómo ésta ha ido dando paso a su vinculación directa con inventarios y bienes protegidos. Concluye Amalia Pérez-Juez en que se conserva lo que se protege y se protege aquello que política o socialmente se considera correcto proteger. Ejemplos bien conocidos, como el toro de Osborne o los barrios y enclaves industriales del siglo XIX, sirven para ejemplificar esta práctica, no exenta de singulares connotaciones políticas subrayadas con descaro en la experiencia de las Comunidades Autónomas de nuestro país. El patrimonio ferroviario, primero abandonado o expoliado con beneplácito, luego  reconvertido en exitosas vías verdes, es un buen ejemplo de este modo de hacer. Paradójica y cambiante  estrategia donde el patrimonio es con frecuencia tenido como interesado instrumento legitimador.

La segunda parte del libro esboza a grandes rasgos el concepto de turismo cultural y arqueológico, sin tratarse de una guía exhaustiva de la gestión turística de estos recursos arqueológicos ni por extensión de los recursos patrimoniales en general.

Sin constituir tampoco un tratado de técnicas de restauración del patrimonio, la tercera parte del texto introduce de manera clara el original y aún actual motivo de discrepancia entre la estrategia de intervención o no intervención, asunto en nada intrascendente si consideramos que la forma de intervención condiciona la gestión. Se extiende también en la conocida comparación entre la propuesta de Eugène Viollet –basada en la investigación arqueológica y en la restauración por analogía estilística- con la de Ruskin, para quien cualquier tipo de actuación es una “mentira” que acaba en ruina.

La cuarta parte está centrada en las distintas formas de actuar en un yacimiento excavado, así como las importantes y definitivas elecciones preliminares a tomar –nivel de lectura, selección temporal y espacial-, y la infraestructura necesaria.

A las distintas categorías de yacimientos acondicionados y abiertos al público, se dedica la quinta parte, con especial atención a los yacimientos restaurados y acondicionados, parques arqueológicos, parques de arqueología experimental y sitios de historia recreada. En relación con este punto, aprovecho para recomendar la   lectura de la tesis de Clara Masriera, titulada “Análisi dels espais de presentación arqueológics de l’edat dels metalls” (2007), donde analiza la musealización de yacimientos protohistóricos, la incorporación de técnicas de arqueología experimental y en definitiva evalúa hasta qué punto la presentación de los yacimientos al público es satisfactoria.

Un nuevo aspecto destacado en el libro de Amalia Pérez-Juez es el espacio dedicado a los campos de batalla como lugares de turismo arqueológico. Desde Waterloo como escenario exitoso donde la representación de la histórica batalla es un acontecimiento turístico, a las rutas del Carlismo en Navarra o el Museo de las Navas de Tolosa, no faltan productos que se suman a esta tendencia de turismo ligado a la guerra como argumento narrativo.

Se echa en falta en una publicación editada en 2006 un mayor manejo de información accesible  en Internet, conjuntamente con la completa referencia bibliográfica que contiene el texto.

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WWOOF, ESTANCIA EN GRANJAS ECOLÓGICAS

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Fotografía publicada en Flickr

Como una forma mixta entre el agroturismo, el turismo rural y el voluntariado, está tomando cada vez más pujanza el WWOOF, que no es otra cosa que el acrónimo de World Wide Opportunities on Organic Farms, formato que no se aleja tampoco de otros estilos de viajes baratos en boga como el couchsurfing o homesitting. En este caso, el viajero presta su apoyo voluntario en pequeñas granjas biológicas.

La red, que tuvo su inicio en Gran Bretaña en 1971, cuenta en 2009 con 2.240 explotaciones, participando en la misma alrededor de 15700 viajeros en Europa durante el presente año. La base del intercambio consiste en la oportunidad de disfrutar de alimentación sana, intercambio cultural y alojamiento gratis por parte del viajero, en tanto que éste dedica unas horas al día, en torno a seis, de trabajo no remunerado. El listado internacional está accesible en el sitio web del movimiento si bien para disfrutar del sistema, el voluntario debe adherirse a la red nacional del estado donde desea ir, por medio del pago de una cuota.

Según Réseau de veille en tourisme, aún se trata de una forma marginal que necesita disponer buenas experiencias así como evitar la tentación de convertir el voluntariado en mano de obra barata.

Algunos enlaces del sitio web de WWOOF, contextualizan bien el ámbito social en el que se mueve este colectivo: Work Exchange, Workaway.info, Free-low Cost volunteering, The7interchange.com, Eco-tourism, Voluntourism.org

En España, la mayor presencia de granjas ecológicas inscritas en la red, está en las provincias de Málaga y Granada, buen lugar sin duda, para trabajar bajo el sol.

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MUSEO DEL PAN DE MAYORGA

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Si usted es vecino de la zona de Tierra de Campos y desea conocer mejor el pan en todos sus aspectos, o si tal vez es forastero y desea apreciar el pan de Valladolid, no debería dejar de visitar el Museo dedicado a este alimento en el municipio vallisoletano de Mayorga. Creado con estos objetivos por la Diputación de Valladolid, pretende ser desde su apertura a inicios de este año, un recurso atractivo, didáctico y divertido, dinamizador del municipio y de la comarca. El edificio del Museo se levanta sobre la que fuera iglesia de San Juan y otros terrenos colindantes, extendidos sobre la vega del río Cea. Las formas externas de los dos edificios que conforman el museo contrastan en sus volúmenes a la vez que se unifican en el color blanco común. El espacio visitable se extiende por un conjunto construido en una superficie cercana a los 3.000 m², divididos los contenidos en tres plantas. La visita tiene una dirección descendente, de arriba hacia abajo,  pasando desde la planta tercera dedicada a los cereales,  la segunda donde se exhibe lo relacionado con la molienda, la primera concentrada en la panificación y la planta baja dedicada al pan en la cultura.

Esta breve introducción refleja los objetivos de la entidad promotora y los distintos ámbitos que conforme al plan museográfico se han desarrollado en el espacio museístico, con una inversión que debe haber rondado los tres millones de Euros.

Tras pagar en la recepción del centro los 6 € de coste de la entrada individual hice una visita a este museo institucional para constatar la confusión del resultado final y la falta de una impronta en la exposición que hiciera de este museo algo verdaderamente único, por encima de ser el solo museo dedicado al pan en nuestro país. En primer lugar llama la atención la escasa importancia de la colección de objetos, siendo pocas las piezas originales que soporten el discurso museológico pretendido. Más aún se echan a faltar aquellos elementos propios de la cultura inmaterial que conecten con la identidad local, la memoria del territorio, la ruralidad y la gente, es decir aporten la autenticidad que debe trascender a una propuesta de museo local / temático como entendemos es el caso.

La puesta en escena es confusa y poco acertada, así por ejemplo, la réplica más importante de un molino queda excluida del lugar de preferencia que debiera tener, del mismo modo que unas vitrinas ocultan la visibilidad adecuada desde el edificio principal de la nave de la iglesia en la primera planta, falta el olor del pan y la actividad de una tahona con un panadero que diera sentido sensorial a la visita haciéndola verdaderamente inolvidable. Del mismo modo se echa en falta una presencia del paisaje, la naturaleza o la arquitectura rural, respecto a la Tierra de Campos donde se ubica el Museo. La difusión y protección desde la práctica,  aprovechando la atalaya que un museo del territorio representa, de las variedades locales de cereales, hornos, molinos y tahonas…son aspectos que tampoco encuentran eco en este museo del territorio. Más aún, falta la participación y presencia de la gente de Mayorga y Tierra de Campos. Tras visitar el Museo hablé a la sombra de los árboles que rodean la vecina Iglesia de San Toribio con dos jubilados del pueblo y ambos se mostraban contrarios al modo en que el ayuntamiento había actuado en este proceso de creación del Museo por parte de la Diputación de Valladolid. Igual podía haber sido un museo del pan que cualquier otra cosa, se lamentaban ante la falta de información y participación de la gente con este proyecto institucional, máxime en un espacio, la Iglesia de San Juan, donde habían trabajado voluntariamente hace décadas mucha gente del pueblo, cuando estaba ésta ruinosa, con objeto de asegurar su consolidación y uso como panera donde guardar el grano.

Ausente de estas ideas que venimos describiendo, el museo corre riesgo de convertirse en un amasijo de reproducciones que a manera de rompecabezas reúnen numerosos recursos técnicos que no acaban de encajar ni con el espacio –la planta baja ejemplifica sobremanera esta confusión de contenidos y recursos deslavazados en torno a la cultura del pan-, ni con el plan museológico y museográfico, ni entre ellos mismos.

Esto es de lamentar cuando muchas veces los museos locales o los centros de interpretación son la única forma de conexión directa que tienen los visitantes con un territorio donde han llegado y que de algún modo necesitan percibir y disfrutar en su autenticidad y complejidad, a través en este caso de un elemento de interés, el pan, con más que atractivo suficiente para enganchar la atención de los turistas y vecinos interesados. Es en este sentido donde este Museo del Pan es un intento a mejorar si pretende cumplir el objetivo de acercar a los visitantes a la naturaleza del pan y a la cultura del pan en Tierra de Campos.

Claro está que si usted ha visitado el Museo o es vecino de Mayorga o Tierra de Campos,  sería interesante conocer sus comentarios. Tal vez ayuden a mejorar la gestión futura del Museo, reto tan transcendente o más como su concepción de partida. Con ese objetivo están escritas estas notas.

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TURISMO EN VILLAS ROMANAS

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En los últimos días tuve ocasión de visitar dos villas romanas localizadas en provincias limítrofes y valorizadas ambas con igual intencionalidad turística. Sin quererlo, o tal vez sí, presentan una competitividad que puede ser tenida en cuenta a lo largo de la visita o en un posterior análisis.

En definitiva si se postulan con abierta vocación turística, como tal debieren ser evaluadas. Sin más rigor que el que corresponde a unas notas escritas tras la visita, estos son mis comentarios personales, ilustrados con algunas imágenes de ambas villas a las que sin duda recomiendo visitar.

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En primer lugar me acerqué en las proximidades de Olmedo (Valladolid) al Museo de las Villas Romanas Almenara de Adaja-Puras, promovido por la Diputación de Valladolid. La visita incluye tres espacios diferenciados, dos cubos cerrados con un cubrimiento externo de madera en el caso de la villa original. El primero de ellos, un museo que pretende dar una visión completa de la vida rústica romana, objetivo tal vez demasiado pretencioso, obligado a incluir una temática tan extensa en la que se subrayan más los temas objeto de presentación, ilustrados con copias reproducidas e ilustradas, que la contemplación de determinadas piezas o recursos capaces de contextualizar e interpretar algunas ideas o contenidos centrales a transmitir. El segundo espacio visitable y verdadero eje de la propuesta es la Villa Romana de Almenara-Puras, que se recorre a través de una pasarela elevada que discurre por las 30 estancias que en su día tuvo esta casa levantada en el siglo IV. Algunos dioramas o ambientaciones contribuyen a informar con suficiencia, más que a interpretar, acerca de lo que fuera la villa. Finalmente, el turista tiene la oportunidad de acceder a la recreación de una “lujosa residencia de una villa bajoimperial” de los siglos IV-V d.C. Es aquí donde la interpretación hace aguas a mi entender, pues la maqueta no consigue un rigor más allá de la distribución espacial, puesto que las réplicas de mobiliario en madera o mimbre son más que deficientes, la pintura metálica sobre las paredes desluce lejos de imitar los frescos originales, la torpe e insuficiente simulación en las zonas de baño o en la cocina, amen de la falta de vida general que se trasluce de esta villa, no hacen sino resaltar su artificialidad y la falta de consecución  de los objetivos perseguidos.

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En primer lugar me acerqué en las proximidades de Olmedo (Valladolid) al Museo de las Villas Romanas Almenara de Adaja-Puras, promovido por la Diputación de Valladolid. La visita incluye tres espacios diferenciados, dos cubos cerrados con un cubrimiento externo de madera en el caso de la villa original. El primero de ellos, un museo que pretende dar una visión completa de la vida rústica romana, objetivo tal vez demasiado pretencioso, obligado a incluir una temática tan extensa en la que se subrayan más los temas objeto de presentación, ilustrados con copias reproducidas e ilustradas, que la contemplación de determinadas piezas o recursos capaces de contextualizar e interpretar algunas ideas o contenidos centrales a transmitir. El segundo espacio visitable y verdadero eje de la propuesta es la Villa Romana de Almenara-Puras, que se recorre a través de una pasarela elevada que discurre por las 30 estancias que en su día tuvo esta casa levantada en el siglo IV. Algunos dioramas o ambientaciones contribuyen a informar con suficiencia, más que a interpretar, acerca de lo que fuera la villa. Finalmente, el turista tiene la oportunidad de acceder a la recreación de una “lujosa residencia de una villa bajoimperial” de los siglos IV-V d.C. Es aquí donde la interpretación hace aguas a mi entender, pues la maqueta no consigue un rigor más allá de la distribución espacial, puesto que las réplicas de mobiliario en madera o mimbre son más que deficientes, la pintura metálica sobre las paredes desluce lejos de imitar los frescos originales, la torpe e insuficiente simulación en las zonas de baño o en la cocina, amen de la falta de vida general que se trasluce de esta villa, no hacen sino resaltar su artificialidad y la falta de consecución  de los objetivos perseguidos.

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En el valle palentino del Saldaña, la Villa Romana de la Olmeda ha sido objeto a lo largo de los cuatro últimos años de importantes trabajos de adecuación en el marco de  un proyecto cultural y turístico donde se han invertido cerca de diez millones de euros y cuyos resultados se han mostrado al público tras su apertura la pasada primavera. Más de sesenta mil visitantes la han convertido de inmediato en el principal polo de atracción turística de Palencia y la Diputación de esa provincia se apresta feliz a duplicar el número de plazas del aparcamiento. Por cierto, que la localización del parking de vehículos es a entender de quien escribe uno de los peores logros del proyecto ejecutado, pues justo sitúa como una mancha a los vehículos estacionados delante mismo de la hermosa panorámica del conjunto del yacimiento ahora cubierto.

El cerramiento exterior del recinto a base de una espectacular estructura de acero corten y una cubierta de más de ocho mil m² a base de rombos de hierro, resulta de una belleza monumental que se contagia con igual carácter al interior del espacio. Si por fuera la forma se asemeja a cualquiera de las olmedas vecinas, y el color del acero se mimetiza del tostado rastrojo que yace en el suelo del valle, en su interior es capaz de dar lugar a un ambiente que eleva sin más ayuda que unos arcos de ladrillo y unas ligeras mallas de acero, la atmósfera construida de lo que debió ser en el siglo IV, la villa de la Olmeda. Este ejercicio interior de diáfana estructura se recorre por unas pasarelas tan ligeramente distribuidas a lo largo de las numerosas estancias de la villa, como los elementos de información e interpretación complementarias, situados con igual sutilidad y eficacia. La instalación didáctica y musealización es acorde con el espacio creado por el magnífico proyecto de Pedrosa y Paredes, sin interferir en el recorrido ni en la diáfana percepción que le distingue. Soportada en la narración que ofrece el viejo mayordomo de la casa, la información se presenta en base a cuatro estaciones localizadas en las zonas principales en torno a las que se forma la vivienda. Cada una de ellas está dotada de dos artefactos con programas audiovisuales de uso individual o colectivo, conteniendo un menú interactivo que permite una mayor o menos profundización en los contenidos. Sobre las pasarelas se hallan igualmente cuatro puntos de información que recrean en 3D las distintas estancias de la casa, así como catorce atriles informativos con distintos dibujos grabados en relieve. Una gran maqueta de la villa y una sala de audiovisuales cierran la visita, antes de dar paso a una sencilla zona de cafetería –servicio a mejorar- y tienda. Un lugar sin duda que marca un hito en la valorización cultural y turística de los yacimientos arqueológicos de época romana en nuestro país.

A mejorar en ambas Villas: señalización de acceso, comunicación en el caso del MVR, en especial el sitio web realmente deficiente. 

 PARA LEER:

 Proyecto de Pedrosa y Paredes en la VRO: http://www.detail.de/artikel_museo-paredes-pedrosa_24209_Es.htm

Revista PATRIMONIO, artículos VRO:  http://www.fundacionpatrimoniocyl.es/textosARQ.asp?id=485

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PATRIMONIO ALBAYZIN

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Un barrio situado en alto con su población separada de la trama urbana de Granada. Esa es una de las definiciones del Albayzín, testigo de emociones y desaires por igual, tan querido como denostado, lugar vivo, muy vivo, es una isla de vitalidad en el universo gris de las cuadriculadas y homogéneas ciudades globalizadas.

La gente de Granada vive a espaldas del mismo por más que esté bendecido por la distinción que le presenta como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Objeto de deseo para turistas y extranjeros rezagados, en una ciudad nombrada por románticos y hippies a partes iguales que lo hacen familias liberalmente conservadoras. Distinguido con iglesias, luego abandonadas, en algún caso también quemadas y por el afán recurrente de las idas y venidas de las afrentas excluyentes de la religión. Judíos, moriscos, musulmanes, sólo estos últimos han retornado y erigido mezquitas en la que alguna vez fuera su casa.

Mesones embutidos a las plazas, aljibes exhibiendo un pasado venido a menos de una acequia seca, flashes nocturnos, olor a marihuana y sempiternos palacios árabes iluminados en la noche. Voces flamencas en el Generalife para las veladas de los viajeros. Carmenes exuberantes, casas abandonadas o tal vez okupadas, perros y gatos meando libres bajo la luna llena de agosto.

Tiendas alineadas al curso de la calle del Agua del Albayzín, en una de cuyas casas una guía comenta al grupo de turistas: Los de la UNESCO no dejan hacer nada en el Albayzín. Miren esta casa árabe. Se le estropeó  la cerradura y no dejaron al dueño ni tocarla, así que tuvo que hacer dos puertas iguales, una a cada lado, para entrar y salir de la casa.

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Una señora me explica generosa la historia de una plaza donde el ayuntamiento tiene un centro en que habitan los funcionarios de la cultura. Entramos a la panadería de la  chica de ojos caramelo, cuya mirada mejora la calidad de sus panes ya excelsos. Cerca, un caballo campaba a sus anchas la madrugada anterior, su jinete en el suelo, bien a gustito. Camino, del brazo de un amigo que oculto vaga, por estas calles de piedras enlucidas por el diario trasiego de la gente entretenida.    

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